Para comprender el acoso escolar y proteger eficazmente a los niños, niñas y adolescentes que sufren maltrato por parte de sus iguales, es necesario desterrar ideas erróneas sobre el conocido bullying. Un término que ya se utiliza en muchas ocasiones en clave sarcástica y haciendo referencia a cualquier conducta conflictiva o bromista en un contexto social. Siendo un problema que está de moda, la literatura popular se ha disparado, generando una distorsión sobre el concepto e infravalorando las graves consecuencias que tiene para la salud mental

La primera idea errónea es la de concebir el acoso escolar como un conflicto. No se puede decir que el bullying se trate de un conflicto, puesto que hay dos roles diferenciados: el rol de agresor (activo) y el rol de víctima (pasivo). Cuando dos personas se encuentran en conflicto mantienen un poder equitativo, existiendo un enfrentamiento donde un ataque recibe su respuesta. En el maltrato entre iguales o acoso escolar ocurre algo muy distinto: existe una diferencia de poder y una intención premeditada de hacer daño, produciéndose una o varias conductas violentas y calculadas que generan indefensión en la víctima. Esta diferencia de poder construye un rol dominación-sumisión/agresor-víctima donde se da un ataque en una sola dirección y la víctima difícilmente tiene oportunidad para responder.

El agresor se rodea de un grupo de seguidores que o bien observan pasivamente o participan activamente en las acciones violentas, creando así un entorno de superioridad y poder sobre la víctima, frustrando cualquier intento de esta por defenderse. Debido a esta diferencia de poder, la persona acosada, entiende que haga lo que haga los actos violentos no cesarán. La víctima aprende entonces a adoptar una actitud pasiva, aunque objetivamente ya tenga los medios para defenderse. Esta conducta se conoce en Psicología como indefensión aprendida. En el acoso escolar, el maltrato psicológico y social utiliza como herramienta la diferencia de poder social, es decir, el agresor o agresora, generalmente alguien carismático, consigue aislar a la víctima y al mismo tiempo consigue que un grupo de personas (observadores) aplaudan sus actos, participen activamente de ellos o los presencien sin evitarlos.

Otra idea errónea sobre el acoso escolar es que éstetiene que ser agresivo para que sea grave. Esto viene de la confusión que existe entre agresividad y violencia. La agresividad se trata de una conducta innata e impulsiva que puede resultar hostil, pero no conlleva necesariamente que la persona agresiva desee causar un daño, tiene másque ver con la falta de control de impulsos y la supervivencia. Mientras que una conducta violenta es aquella que tiene el fin premeditado de causar daño a otra persona o animal, es instrumental y controlable. La violencia es cultural y por tanto se aprende. La acción violenta no tiene por qué ser una conducta explícita o explosiva, puede ser comedida y nada agresiva pero extremadamente dañina. Ejemplos muy claros son algunos tipos de maltrato psicológico, que no solo no son agresivos, sino que son sutiles y difíciles de probar e identificar.

En el acoso escolar se pueden dar diversos tipos de violencia. Generalmente se agrupan en tres tipos globales: la violencia física, la psicológica y la social. Siendo la violencia física la más explícita, destacan las dos restantes por su complejidad a la hora de detectarlas y denunciarlas. La violencia psicológica (culpar, menospreciar, manipular, chantajear emocionalmente, engañar, etc.) y social o relacional (excluir, aislar, difamar, expandir rumores, etc.) es ejercida tanto por grupos de chicos como de chicas, siendo entre ellas los tipos de violencia más común. Además, este tipo de violencia puede ser ejercida y amplificada si se hace mediante nuevas tecnologías, generando mayor sensación de vulnerabilidad en la víctima por las características de anonimato de los agresores y la fácil difusión de contenido.

Siendo estas violencias tan poco explícitas, requieren de una evaluación eficaz para poder detectarlas e intervenir. Existen para ello técnicas de evaluación de acoso escolar validadas científicamente por psicólogos. Cabe destacar que generalemente en los colegios no se realizan evaluaciones basadas en la evidencia. Tampoco se realizan seguimientos a medio y largo plazo de las conductas de acoso y ciberacoso ni de la salud mental de la víctima, el agresor y el resto de participantes. Se hanutilizado herramientas como el sociograma o la observación para evaluar el clima escolar. Pero como decíamos más arriba, el acoso no tiene nada que ver ni con el clima escolar, ni con los conflictos cotidianos.

También se han realizado “mediaciones”, una técnica de resolución de conflictos que no se debe utilizar cuando hay un maltrato, o sea: no se puede mediar en casos de bullying, porque hay una persona que agrede y otra victimizada, no hay nada que mediar. Es necesario por tanto, realizar evaluaciones rigurosas que vayan a la raíz del problema, a ser posible realizadas por psicólogos o criminólogos especializados en la materia y pasar a la acción en base a programas con evidencia científica. En la siguiente revisión bibliográfica puedes encontrar algunos de ellos analizados en población española y validados científicamente: Programas de intervención en acoso escolar y ciberacoso en educación secundaria con eficacia evaluada: una revisión 

El maltrato entre iguales comienza a edades muy tempranas, normalmente en primaria y continúa en las sucesivas etapas académicas hasta la vida adulta en los entornos laborales (moobing). Aún hoy se sigue investigando sobre las consecuencias para la salud mental y física que tiene la victimización ejercida por iguales y la naturaleza evolutiva de estos comportamientos. Desde el punto de vista costo-beneficio cada niño acosado/victimizado supera en España los 1.000 millonesde euros anuales para gastos de salud y apoyo social.

Los delitos de violencia interpersonal son delitos de especial gravedad precisamente por el componente humano y social. Pueden tener un impacto significativo a cualquier edad o momento de nuestra historia personal. Pero aún tiene más peso si se produce en la infancia o la adolescencia, ya que el cerebro se encuentra en desarrollo y necesita lugares seguros para satisfacer sus necesidades. La necesidad de pertenencia y aceptación por parte de los iguales hace que los adolescentes sean especialmente vulnerables al maltrato ejercido por estos. Por ello, un delito de acoso escolar puede tener consecuencias traumáticas para el niño, niña o adolescente que lo sufre y normalmente requiere de intervención o tratamientopsicológico.

Finalmente, una tercera idea errónea sobre el acoso escolar es pensar que éste desaparece cuando cesan las conductas de acoso. Se podría pensar que cuando la víctima ya ha conseguido un grupo de amigos o ha podido contarlo y se ha intentado poner solución, la indefensión termina y la víctima se recupera de inmediato. Esto no es así, ya que los roles dominación-sumisión y las expectativas de nuevos ataques se mantienen en el tiempo,además de la vulnerabilidad percibida por la posible psicopatología asociada al trauma. Por todo ello es importante evaluar y conocer cada caso de forma individual y realizar seguimientos profesionales a medio y largo plazo para proteger eficazmente a los menores.

Ya se ha comprobado que en los centros educativos existe una carencia a nivel de convivencia y salud mental de los menores. El profesorado generalmente no tiene tiempo para dedicarse a solucionar estos problemas, ni mucho menos, tiempo para pretender detectarlos o evaluarlos, y realmente no queda claro que un docente deba abordar problemáticas de esta envergadura. Por otro lado, los psicólogos educativos tampoco tienen muchas veces las nociones ni la obligación reglada de intervenir en situaciones de maltrato. Algunos centros educativos cuentan con protocolos para actuar en casos de violencia entre iguales, pero no existe un control riguroso a la hora de llevarlos a cabo. Ni si quiera es seguro que dichos protocolos tengan una eficacia basada en la evidencia.

En los colegios hace falta desde hace tiempo unafigura competente que aborde estas problemáticas y realice seguimientos. La reciente ley de protección a la infancia del 2020 acaba de incluir una figura en los centros educativos denominada Coordinador de bienestar y protección. Nadie sabe muy bien a qué tipo de profesional nos referimos con “coordinador de bienestar yprotección”. No estaría de más, que la institución responsable de esto se cerciorara de que los profesionales que se encarguen de ello sean los adecuados: psicólogos o criminólogos especialistas en violencias.

 

> Bibliografía

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