El ser humano ha sido un luchador como demuestra su devenir histórico. No solamente ha evolucionado biológica e intelectualmente, sino que también ha transformado el ámbito social. Este hecho no significa que aún no queden cosas por mejorar o cambiar, pues aún hay camino por recorrer.  No obstante, uno de estos grandes avances fue el afán incansable del hombre por la instauración de la libertad.

La libertad tiene diversas interpretaciones, ya que se manifiesta en múltiples ámbitos de la vida cotidiana tales como libertad de expresión, libertad de información o libertad de cátedra entre otras, sin embargo, debemos entender el concepto de libertad tal y como señala el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (2019a), es decir, la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Esto debe interpretarse como la capacidad de obrar o no, que tiene una persona y responsabilizarse de sus actos, por lo que no deja ápice de duda en cuanto a que somos libres, pero dentro de unos límites.

Con la llegada de las sociedades democráticas la libertad adquiere una nueva categoría convirtiéndose en un derecho de valor superior que garantiza la libre determinación de las personas. Así, por ejemplo, en la Constitución Española de 1978 se recoge en su artículo 20 el reconocimiento y protección de la libertad de expresión, producción y creación literaria, artística, científica o técnica, la libertad de cátedra y la libertad de información, sin que pueda restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

La censura, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (2019b) debemos interpretarlo como formar juicio de una obra u otra cosa, es decir, un análisis basado en un conjunto personal de creencias o valores. Históricamente, se perpetra más en sistemas no democráticos, cuando una obra literaria manifiesta unos valores contrarios u opuestos a los valores establecidos por la autoridad dominante. Así, por ejemplo, podemos mencionar la quema de libros que ocurrió en Alemania el 10 de mayo de 1933 o las múltiples ocurridas en España durante la Guerra Civil.

Este conveniente repaso breve, pero exhaustivo es necesario debido, principalmente, a que el ser humano olvida en numerosas ocasiones cotidianas algunas de estas cuestiones.

La evolución de las sociedades gracias al cambio que han generado las Tecnologías de la Información y Comunicación (en adelante TICs) se hace notar en algunos aspectos como la reducción del tiempo en el intercambio de información entre personas que se encuentran distanciadas en el espacio. Con el uso de Internet y la creación de los teléfonos móviles de última generación, así como en la combinación de ambos creando los smartphones, se está produciendo a una velocidad insospechada. Así, algunos autores como Agustina (2010) y Ryan (2010) señalan que la distribución de información y la comunicación humana se ha vuelto inmediata, provocando la intercomunicación de las personas y un nuevo modelo de relaciones sociales.

Por tanto, estamos ante el auge de las TICs y las relaciones sociales que acaban desembocando juntas en las redes sociales tales como Twitter, Whatsapp o Facebook. Estos espacios ofrecen al usuario un lugar donde manifestar sus ideas, opiniones, comentarios, pensamientos o críticas de la realidad que están viviendo, o sea, están haciendo uso de su facultad natural de obrar o no, es decir, de su libertad. No obstante, coincidiendo con Bilbao (2018), hoy en día la mayoría de personas utilizan el derecho a la libertad de expresión para justificar conductas que podrían llevar aparejadas penas de prisión.

La seguridad que proporcionan las redes sociales desde el anonimato de algunas cuentas amparándose en la libertad de expresión, no es una justificación de los mensajes que se envían. Este hecho ha favorecido la aparición de contenido de odio, es decir, mensajes con fotos, vídeos o simplemente palabras manifestando una actitud hostil hacia una persona o varias por pertenecer a un grupo determinado, manifestar una opinión diferente o, simplemente, por ser partidario de una ideología contraria.

Por ello, aunque la libertad, en este caso, la de expresión, se manifieste como un derecho de valor superior, como indicaba al principio, no implica que no existan límites, pues el ser humano es responsable de sus actos.

Entre nuestra extensa jurisprudencia encontramos la STS 820/2016 donde se extrae el  siguiente argumento:

La utilización de símbolos, mensajes o elementos que representen o se identifiquen con la exclusión política, social o cultural deja de ser una simple manifestación ideológica para convertirse en un acto colaborador de la intolerancia excluyente, por lo que no puede encontrar cobertura en la libertad de expresión (STS 820/2016).

Además, también podemos extraer el siguiente argumento de la STS 706/2017:

No es necesario que el acusado asuma como propio, razone o argumente la imagen y su mensaje, ni tampoco que sea el recurrente el que lo haya creado, basta que de un modo u otro accedan a él, y les de publicidad, expandiendo el mensaje a gran cantidad de personas […] Tampoco importa que la foto sea tomada por un tercero si el que la recoge y lanza a la red pública es el acusado (STS 706/2017).

Por tanto, podemos obtener dos ideas claras y bien diferenciadas de nuestra jurisprudencia: la primera, ningún mensaje de contenido que actúe de colaboración con la intolerancia excluyente queda respaldado bajo el escudo de la libertad de expresión; y la segunda, el contenido multimedia que se envía, no tiene que ser tomado por la propia persona, basta con que esa lo envíe a un amplio público, por lo que, retuitear algún mensaje con este contenido tampoco podría utilizarse como una justificación de la libertad de expresión, puesto que según el Tribunal Supremo retuitearlo se asemeja a crear el mensaje.

El ser humano, históricamente, ha sido un luchador en múltiples ámbitos. En su empeño por mejorar, consiguió instaurar la libertad. Esta facultad natural exige una responsabilidad por los actos. Esto no debe caer en el olvido colectivo de la humanidad, porque a medida que las TICs nos permiten de forma rápida y sencilla el intercambio de información unido al reconocimiento, por parte de las sociedades democráticas, de la capacidad de obrar o no, como una norma de valor superior, concretamente la libertad de expresión, no significa que todo acto quede protegido al amparo de ésta.

En España, la libertad de expresión tiene sus límites y éstos no quedan impunes, aunque sea mediante vía digital como pueden ser las redes sociales. Aquí nuestra jurisprudencia es clara todo contenido que incluya colaboración con la intolerancia excluyente queda fuera de la protección de la libertad de expresión, así como la difusión de mensajes o retuitear estos contenido asemeja a la persona que lo reenvía con el autor, por tanto, al tener el mismo nivel de responsabilidad, los retweets quedarían fuera de la protección de la libertad de expresión. Por lo que debemos evitar que la manifestación de mensajes de odio se produzcan de forma cada vez más presentes y reducir este nuevo escenario delictivo.

Bibliografía

AGUSTINA, J. R. (2010). ¿Menores infractores o víctimas de pornografía infantil? Respuestas legales e hipótesis criminológicas ante el Sexting. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 12(11),  11- 44.

BILBAO, J. (29 de mayo de 2018). La libertad de expresión y sus límites [Mensaje en un Blog]. Recuperado de http://jurisprudentes.es/la-libertad-de-expresion-y-sus-limites/.

ESPAÑA. Tribunal Supremo (Sala de lo Penal, Sección 1ª). Sentencia número 706/2017 de 27 de octubre.

ESPAÑA. Tribunal Supremo (Sala de lo Penal, Sección 1ª). Sentencia número 820/2016 de 02 de noviembre.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (2019a). Diccionario de la lengua española. 23.ª ed., [versión 23.2 en línea]. [Consultada el 23 de febrero de 2020].

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (2019b). Diccionario de la lengua española. 23.ª ed., [versión 23.2 en línea]. [Consultada el 24 de febrero de 2020].

RYAN, E. M. (2010). Sexting: How the State can prevent a momento of indiscretion from leading to a lifetim of unintended consequences for minors and Young adults. Iowa Law Review, 96(1), 357-383.

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