En España hay una gran tendencia a confundir el concepto de tráfico de seres humanos y la trata de seres humanos. Probablemente esto sucede debido a la traducción que se hace del inglés al español de ambos conceptos, refiriéndose a tráfico de personas la expresión people smuggling, y a la trata humana people trafficking.

Cuando nos referimos al tráfico de seres humanos nos referimos al traslado de una persona desde su lugar de origen al lugar de destino y que proporciona beneficios económicos o de otro tipo por el traslado; este traslado puede ser en condiciones de legalidad que sería el caso de la migración, en cambio, el tráfico ilícito de migrantes supone que redes lucrativas facilitan el acceso al país de destino y el ingreso al mismo en condiciones ilegales y de irregularidad administrativa, recibiendo a cambio, una  elevada cifra de dinero. Esto constituye un delito contra el Estado y una violación a las leyes de inmigración de un país. En cambio la trata consiste en la obtención de un beneficio económico a cambio de un trabajo forzado, como puede ser la esclavitud, prostitución o esclavitud sexual, tráfico de órganos etc. Constituye  un delito contra una persona y es una violación contra los Derechos Humanos.

De acuerdo al Art.3. definiciones, del Protocolo sobre la trata de personas se puede decir que se entiende por trata de personas:

  1. “Por trata de personas se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

De acuerdo a lo que indica IBÁÑEZ PEINADO, lo más importante a tener en cuenta en esta definición, son los verbos denominados por él mismo de “acción”, por encajar las actividades que determinan el acto injusto. Debemos prestar especial atención a verbos como captar, transportar, recibir…

Otro elemento importante a tener en cuenta son los medios que se utilizan para conseguir la finalidad del delito. Estos medios suelen ser la amenaza o la fuerza. En cuanto a la finalidad o al objetivo al que se quiere llegar es la explotación en sí misma. Esta explotación puede ser sexual, laboral, para el tráfico de órganos…

 

Existen varias diferencias entre ambos conceptos que se basan en lo siguiente:

  • Consentimiento: En el caso del tráfico de seres humanos existe el consentimiento de la persona aunque se realice en condiciones peligrosas, pero en el caso de la trata, no existe el consentimiento. En caso de que el consentimiento existiera, se ha dado bajo coacción y engaños, por lo tanto el mismo ha perdido todo su valor.

 

  • Transnacionalidad: En el tráfico de seres humanos el desplazamiento que se realiza es siempre transnacional, en cambio, en el caso de la trata puede serlo o no. Ya que los desplazamientos en el segundo caso pueden darse dentro del mismo territorio del país donde se encuentren.

 

  • Explotación: En la trata existe explotación de las víctimas para generar beneficios económicos, se produce la cosificación de la persona. En el tráfico de seres humanos, el tráfico en sí mismo termina cuando se llega al lugar de destino y no media la explotación.

BIBLIOGRAFÍA:
  • IBAÑEZ PEINADO, J. “Psicología e investigación criminal: La delincuencia especial.” Ed Dykinson, Madrid 2012 pág 409 y ss
  • LÓPEZ POVEDA. G y GONZÁLEZ BARBERO Mº.A “La trata de personas con fines de explotación sexual “Caritas Española Editores. Madrid pág. 17
  • MAQUEDA ABREU, “Una nueva forma de esclavitud: el tráfico sexual de personas, en Laurenzo (Coord), Inmigración y derecho penal. Bases para un debate. Valencia, 2002, pp. 259-260”

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