Nuestros campos y zonas boscosas de nuestro extenso y deshabitado mundo rural, pueden esconder secretos que ofrecen, tanto a pequeños productores como a grandes mafias, millones de euros al año con la producción de plantas del cannabis. Según datos facilitados por la agencia europea Europol, este sistema de crimen organizado, se ha convertido en una de las principales fuentes de financiación del terrorismo islamista internacional, cuyos efectos, lamentablemente ya hemos podido lamentar en nuestro país.

Recientemente, en una zona del interior de Catalunya, los Mossos d’Esquadra descubrieron a vista de un helicóptero equipado con cámaras específicas, más de 15.000 plantas que en el mercado hubiera dado unos beneficios de 6 millones de euros.

Durante el pasado mes de agosto, la Policía Nacional incautó más de 31.000 plantas; nada menos que 18 toneladas y media… y la cifra, lejos de amedrentar a los productores, no para de aumentar.

Y es que tras las continuas incautaciones y desmantelamiento de naves industriales, incluyendo pisos repartidos por toda la geografía española, que habían sido reconvertidos en invernaderos de esta preciada planta, y gracias a la colaboración entre las compañías eléctricas, que informan de un desmesurado aumento del consumo eléctrico, incluso de agua, colaborando con las fuerzas de seguridad del estado, han ido estrangulando este mercado de la mal llamada “droga blanda”.

Ya existen numerosos estudios científicos y de salud, nacionales e internaciones, que demuestran con cifras reales, que el consumo continuado del cannabis puede desencadenar enfermedades graves y patologías mentales como la esquizofrenia, sobre todo en los consumidores más jóvenes, truncando sus vidas y las de sus familias.

El cambio climático y nuestra excepcional y temperada climatología, ha dado recursos a muchas mafias, muchas de ellas extranjeras, para implantar su producción en nuestro país y aprovechar la libre circulación de vehículos y personas por toda la UE. Con ello, la incautación de alijos que hasta ahora venían de las costas de Marruecos ha descendido sensiblemente.

Además, la escasez de otras substancias en el mercado, junto al “dinero fácil” que puede proporcionar la plantación del cannabis y las facilidades para encontrar la maquinaria y semillas que circulan en el mercado, hace que la proliferación de estas plantaciones esté al alcance de cualquiera.

Pero, ¿cómo somos capaces de encontrar una plantación de marihuana, escondida en medio de una plantación de cereal o un vivero de plantas, por ejemplo, o en medio de una zona boscosa?

En la misma medida que las organizaciones criminales han ido añadiendo elementos técnicos y logísticos para proteger sus plantaciones y con ello, su gallina de los huevos de oro, las fuerzas de seguridad se han ido dotando de medios tecnológicos para aumentar su eficiencia para encontrar sus escondites, cada vez más complejos, retirando del mercado toneladas de este tipo de droga.

Ahora, ya no sólo las unidades aéreas formadas por helicópteros, que a menudo son requeridos para tareas y misiones más complejas, se dedican a la caza y captura de estas plantaciones, sino que se han formado equipos especializados de pilotos de drones con cámaras térmicas y de amplio espectro (multiespectral), que repartidos por todo el país, son capaces de determinar el tipo de planta que está creciendo en un lugar concreto, incluso de noche, de la misma forma que este tipo de cámaras de usan para mejorar la gestión de las cosechas, para adelantarse a problemas hídricos o ataques de plagas en las plantas.

¿Cómo funciona una cámara multiespectral?

Una cámara multiespectral, como su propio nombre indica, es una cámara que es capaz de captar varios espectros de luz. Las cámaras multiespectrales que se montan en los drones son de pequeñas dimensiones y pueden llegar a tomar valores de hasta 6 bandas espectrales.

A partir de las imágenes multiespectrales que captan este tipo de sensores se pueden calcular diferentes índices de vegetación que nos aportan muchos datos sobre las plantas que estamos observando. Para calcular un índice de vegetación es necesario combinar varias bandas del espectro visible o invisible de la cámara, convirtiéndose en una operación matemática que combina varios canales (rojo, verde…) para producir un solo valor. Este valor representa alguna de las características de la planta: que cantidad de clorofila activa hay, si la planta está bien hidratada o está “estresada”, la cantidad de hoja que tiene… y con ello, llegamos a saber de qué planta se trata.

¿Cómo funciona una cámara térmica?

Todos los objetos, animados e inanimados, emiten radiación infrarroja (calor), y esta emisión es mayor cuanto mayor sea la temperatura del objeto. La longitud de onda de esta energía oscila entre unas pocas micras a miles de micras, es decir, son mucho más largas y están completamente fuera del rango visible al ojo humano (450-750 nanómetros). Las cámaras térmicas son capaces de captar estas radiaciones, en concreto las utilizadas en drones están calibradas para trabajar con el infrarrojo térmico, entre las 8 y 14 micras. Esos sensores son tan precisos que aun captan diferencias de décimas de grado centígrado. Se identifican por advertir y examinar fuentes de calor en plena oscuridad, incluso en medio de inclemencias meteorológicas.

 

Con todo ello, pese a la continua proliferación de estas actividades delictivas y el juego constante del ratón y el gato, la tecnología dron acabará ganando la batalla.

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