Durante estos meses de confinamiento, hemos sido testigos de múltiples noticias en los medios de comunicación. Algunas de ellas han sido agradables, otras un tanto preocupantes, pero es bien cierto que algunas no nos han dejado indiferentes. Así pues, se ha confirmado que el periodo de confinamiento ha aumentado los casos de abuso sexual infantil (Barquilla, 8 de mayo de 2020). Incluso la Organización de Naciones Unidas (ONU), creyó oportuno alertar de que este confinamiento a nivel mundial por el COVID-19 aumentaba el riesgo y la exposición de los menores a este tipo de abusos (Carranza, 8 de abril de 2020).

Pero muchas veces, nos podemos llegar a preguntar, ¿cómo ha podido llegar a pasar sin darnos cuenta?

Así como propone Rivera (2005), la etiología del abuso sexual infantil suele seguir una serie de fases:

En primer lugar, encontramos la Fase de atracción o seducción, donde hay un primer acceso u oportunidad de acercarse a la víctima. Normalmente son personas del entorno del niño los que pueden ser potenciales agresores, así tenemos casos de familiares, entrenadores, profesores… Además, en esta aproximación se forma la relación entre el niño y la figura abusadora, en la cual ya se empieza a crear esta situación de poder entre ambos. El agresor suele ayudarse de la manipulación psicológica hacia el niño para confundirle y modificara aquellas percepciones que el menor tiene sobre el mundo que le rodea. Para ganarse esta confianza y sentimiento de pertinencia, suelen usar frases como “eres muy especial para mí”, “esta relación que tenemos es única”, “eres mi alumno preferido”, “te quiero más que a tu hermana, porque tú eres especial”.

Una vez se ha establecido esta relación entre ambas partes, suele iniciarse la Fase de interacción sexual. Las distintas conductas sexuales suelen presentarse de forma gradual, a veces inicia como un juego inofensivo, incluso puede ser un juego parecido a los que el niño suele jugar con sus iguales. No obstante, a medida que va avanzando esta “relación” el adulto va requiriendo en mayor medida el contacto con el menor (cosquillas, masajes, caricias…). Finalmente, ya se llevan a cabo conductas de índole sexual explícitas (masturbaciones, besos en los labios, incluso la penetración).

Para poder “protegerse” el agresor y el niño entran en la Fase del secreto, la cual también se crea de forma progresiva. Para que se desarrolle este secreto común, el adulto hace uso de la manipulación y situación de poder que tiene en sus manos. Dependiendo de la resistencia que el menor presente, el adulto puede llegar a amenazar al segundo o usar violencia hacia él. Una amenaza que suelen usar es la de causar daño a hermanos más pequeños.

En este estadio, se crea un sentimiento de cooperación y responsabilidad de la víctima enfrente a la situación vivida. Además, como se ha comentado, mediante la manipulación psicológica, el agresor explica al niño que, si lo cuenta, el abusador podría acabar en la cárcel o que otros adultos podrían resultar heridos. Por ejemplo, en caso de que fuera el padre el agresor, podría explicarle a su hija que, si la madre llegara a saberlo, ésta última se llevaría un gran disgusto. Esta imagen marca a la niña y aumenta el sentimiento de culpa. Es por ello, que el agresor pone en manos de la víctima toda la responsabilidad del bienestar de su familia.

Este tipo de manipulación y creación del secreto compartido entre ambas partes, puede explicar muchas veces porque los menores no denuncian los hechos hasta que son adultos, pues a veces, la vergüenza, la culpa o la falta de entendimiento de la situación cuando eran niños, les bloquea para expresarlo verbalmente y solicitar ayuda.

Finalmente, hay menores que verbalizan todos los episodios de abusos o lo hacen cuando ya son adultos. Este hecho ya se consideraría la Fase de revelación. Es muy importante en este punto que la víctima pueda recibir un apoyo social sólido y que se le muestre que su relato es creído por las personas que le escuchan. Cuanto mayor sea esta percepción, menores serán las consecuencias del abuso. No es de extrañar que, en muchas ocasiones, el relato de este menor se vea cuestionado. Este hecho le da un mayor poder a la figura del agresor, pues se le da mayor credibilidad a lo que él comenta que a lo que expresa la víctima. Muchas veces, cuando son niños pequeños los que expresan una situación de abuso sexual y no son creídos, entran en un estado psicológico de incongruencia, pues aquellas personas que supuestamente deberían protegerle no le están ayudando.

Como se ha observado en el presente artículo, se advierte que los casos de abuso sexual infantil suelen ser un proceso gradual en el tiempo, donde la manipulación y relación de poder entre la figura del abusador y el menor están muy presentes. Es por ello, que el agresor es audaz para poder utilizar este hecho a su favor y crear un contexto donde anula al menor y le corresponsabiliza de las diferentes conductas y consecuencias que se desprenden de las mismas. Es por ello, que muchas veces, estos episodios de abusos quedan invisibilizados a ojos de aquellos que se encuentran fuera de esta situación.

Bibliografía

Barquilla, G (8 de mayor de 2020). Preocupación por el incremento de abusos sexuales a menores durante el confinamiento por coronavirus. Telecinco.es. Recuperado de https://www.telecinco.es/informativos/salud/alerta-aumento-abuso-sexual-menores-confinamiento-coronavirus-be5ma_18_2943420081.html

Carranza, D.C. (8 de abril de 2020). ONU advicerte aumento de la violencia y abuso sexual contra menores durante el confinamiento por COVID-19. Aa.com. Recuperado de  https://www.aa.com.tr/es/mundo/onu-advierte-aumento-de-violencia-y-abuso-sexual-contra-menores-durante-confinamiento-por-covid-19/1797632

Rivera, T. (2005). Abuso sexual infantil. Medwave. Jun;5 (6). Recuperado de https://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/PuestaDia/APS/1967

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