Tras la revisión del estudio clásico de Blasi (1980), indica que un 76% de los estudios muestran una relación significativa entre conducta y razonamiento moral, hecho que abordamos hacia el procesamiento y decisión cognitiva a la hora de tomar de un camino criminal o no.

Todo comienza con el estudio moral de la persona. Wright (1974) plantea la importancia de las influencias socializadoras y la interiorización de las normas culturales. Propone cinco dimensiones morales. Omitiremos de la ecuación de hoy el altruismo y la resistencia a la transgresión, derivada de las acciones propuestas en las siguientes cuestiones, las dimensiones se encuentran en el orden adecuado para explicar la cronología conductual, desde que se presenta la conducta hasta que se realiza:

  1. Ideología moral: siendo la base del ser humano y que se puede definir como el conjunto de acciones o conductas que el individuo considera como buenas o malas. También incluye el compromiso con estas creencias y su influencia en la personalidad.
  2. Insight moral: es el tipo de razonamiento utilizado para justificar las creencias morales.
  3. Reacciones posteriores a la transgresión: siendo las manifestaciones de tipo emocional y conductual tras la violación de la regla.

En el siguiente gráfico (figura 1) logramos captar que la moral está presente junto a la actitud en el momento previo y posterior, así como en el momento de la acción, clave para crear políticas de investigación, entrevistas y apelación a los mismos para resolver un caso de manera eficaz o para evitarlo.

Tras ello, surgen varias preguntas que dieron lugar a este blog:

  • ¿Cómo podemos aplicar estas teorías en un caso real?
  • ¿Qué tipo de prevención o resolución se pueden lograr en estos actos?

En la ideología moral, y según Sykes y Matza (2016) sobre la Teoría de las Técnicas de Neutralización, plantean la tesis de que los jóvenes delincuentes crean racionalizaciones mentales para neutralizar las normas sociales interiorizadas y que entran en conflicto con su comportamiento antisocial.

Muchos conflictos y delitos se han realizado por falta de aprendizaje social basado en habilidades sociales y herramientas que logren solventar los problemas a los que se enfrenta el ser humano así como a las neutralizaciones comentadas. El desarrollo moral y la socialización sobre lo que está bien o lo que está mal es un hecho, pero sobre todo lo es la capacidad del sujeto en la variabilidad de esa delgada línea. Los valores sociales que están en el contexto cercano del sujeto deben ser definidos de una manera más oficial y crear acciones o evaluaciones que hagan seguir estándares adecuados.

La forma de definirlos, o incidir en su estricta moralidad, es uno de los planteamientos que se dan para evitar mayores conflictos, donde entran en juego medios de comunicación e incluso una concienciación para eliminar las bromas jocosas o la aceptación de conductas transgresoras en ambientes familiares o en grupo de iguales.

La simple jocosidad ante una venganza, o ante un comportamiento que altera la cohesión social, puede dar lugar a un clic en el sujeto que dé lugar a la fase de planeación o que ante un problema o situación, su actitud esté basada en los comentarios justificadores que ha estado escuchando en su grupo de pertenencia.

Si esa persona se encontrara en un contexto de una moral heterónoma, donde no tienen cabida esas conversaciones o se tachen de inapropiadas, el propio sujeto aprende por condicionamiento social y luego individual a reprimirlas, y lo más importante, a cambiarlas por otras más aceptadas.

En el momento del acto, entendemos que si el sujeto lo ha decidido es difícil hacerle cambiar de opinión, salvo con un estimulante distinto o una explicación que derrote su creación distorsionada o justificación creadora de ese acto.

Muchos estudios y autores hablan de la víctima participante, en la forma de reaccionar o en haber sucumbido a la cronología comportamental que el sujeto espera antes de su reacción.

No se puede culpabilizar a la víctima ya que, en muy pocas ocasiones, va a comprender la motivación del sujeto. En algunos casos, el gritar o reflexionar con el sujeto que cometa la agresión contra el sujeto pasivo, puede desencadenar una mayor ira o necesidad de terminar lo antes posible con lo que se propuso, pero en otros, el simple hecho de un estímulo que sobresalga de la facilidad de la comisión puede desatar la huída del mismo.

Esto aplica en cualquier conflicto. Si una persona va a cometer una agresión verbal o un acto que no se ajuste a los estándares sociales con una pequeña confrontación, el sujeto puede parar siempre y cuando no altere o agrave el motivo de su acto.

Debemos realizar una tabla de motivaciones comunes en los diferentes conflictos e intentar evaluar cuál podría ser el comportamiento adecuado para alejar al sujeto de su propósito.

Esto normalmente no es factible realizarlo en políticas criminales en el ámbito personal, pero en el ámbito social es tan fácil como poner obstáculos físicos o logísticos que eviten la continuación del delito e incluso su planteamiento, así como condenaciones públicas ante cualquier indicio de actitudes antimorales o antisociales.

Necesitamos la creación de protocolos sobre los indicios en comportamientos previos a la realización de conductas disruptivas o delictivas. La sociedad debe conocer y debe aplicar su presión ante los mismos. No necesitamos tanta información sobre los hechos sucedidos y las consecuencias de los mismos, sino estrategias de comportamiento que los eviten, sea en el momento de la agresión, en la ideación o en la preparación anterior, ya que siempre existen actitudes llamativas, como el vídeo estadounidense sobre la prevención del menor que realizó una masacre en un instituto público

En la reacción posterior, aun cuando ya se ha cometido, muchos autores no aceptan su responsabilidad por la aceptación que ha ido interiorizando a lo largo de todo el proceso cognitivo, donde muchas veces piensan que ha sido la mejor opción, pero no son capaces de aceptar su culpabilidad por una serie de factores que, paradójicamente, han sido los creadores del acto. Familia, amigos y libertad son costos que no quiere eliminar para conseguir su estabilidad emocional por el hecho cometido.

Para evitar la imposición de un castigo disminuyendo su culpabilidad, ya existen parámetros de reducción de condena por el hecho de confesar el crimen o reducir el daño producido a los familiares. Pero… debemos plantearnos políticas que ayuden a explicar los motivos que han dado lugar a su comisión, o incluso beneficios sociales derivados de su predisposición o actitud reformadora de su decisión anterior.

Deben existir estamentos u organizaciones que velen por las confesiones. Es decir, dejar de condenar la acción sin más, pudiendo empatizar o justificar sus creencias para que sea parte de un grupo mayor, teniendo como finalidad que, habiéndolo cometido sea justificado o no, deban hacerse responsables de su comportamiento. ¿Entendemos que la justicia restaurativa es suficiente?

Por poner un ejemplo en tantas desapariciones de etiología criminal sin haber sido resueltas, no se logra entender por qué la persona implicada no intenta compensar parte del daño cometido o al menos permita el duelo de la persona ausente. No es solamente por el mero hecho de que lo puedan condenar o  creerse superior a la víctima y perjudicados, sino que la consecuencia creada a raíz del mismo es lo que le impide hacer algo correcto.

Hablando con un condenado por lesiones que fue principal sospechoso de la desaparición de su mujer, expuso que debido a la repercusión social sobre el caso, el rol de autoridad asignado por la familia de la víctima y su persistencia en acabar con él, no le dejaba otra opción. Siempre está la duda, aunque tengamos la seguridad objetiva de que sea el culpable, mientras no caiga una sentencia condenatoria, por lo que debemos replantear algunas acciones en el tipo de información que se da sobre el caso y detalles que no alejen la posibilidad de una reparación sin riesgo para los implicados

Esto último, puede darse con la creación de una red de apoyo cercana al sujeto etiquetado como delincuente. Si se siente desplazado y odiado por su barrio, familia o amistades no cabrán pensamientos de rehabilitación en su tratamiento o en su desarrollo personal futuro.

Os animo a reflexionar sobre estas palabras, a crear nuevos parámetros de tratamiento y políticas que sobresalgan a lo que estamos habituados. Muchas veces el hacer uso de teorías antiguas y evaluando el origen del autor podemos traspolar a lo que tenemos hoy en día…

No tener miedo al fracaso y plantear retos que puedan ser erróneos nos acercan al verdadero cambio.

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