El mundo que viene: entre el multilateralismo y la injerencia

La última década ha atestiguado la volatilidad del mundo en que vivimos. En 2011, una miríada de revueltas agitaba el mundo árabe y desembocaban, en algunos casos, en cruentas guerras que continúan abiertas casi una década después. En 2016, la victoria del sí en el referéndum para la salida de Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos levantaron denuncias de injerencias extranjeras, dirigidas principalmente contra Rusia. En 2020, la irrupción de un nuevo coronavirus, surgido en la ciudad china de Wuhan, desembocaba en una pandemia que en los primeros días de enero de 2021 supera los 80 millones de infectados y el millón y medio de fallecidos en el mundo.

El rumbo de los acontecimientos sugiere una transición desde la unipolaridad a la multipolaridad, y el auge de países como Rusia o China exige plantear ciertos debates referentes a la seguridad nacional de las democracias liberales. Este artículo expone los principales hallazgos de informes publicados por comisiones parlamentarias en Reino Unido y Estados Unidos. Posteriormente, extrae las principales lecciones aprendidas hasta el momento y las oportunidades existentes para contrarrestar la injerencia extranjera en el marco del Estado democrático.

 

Reino Unido ante la injerencia rusa

El 21 de julio de 2020, el Comité de Inteligencia y Seguridad (en adelante, ISC) del Parlamento Británico publicaba un informe de título escueto: Rusia. Este documento desgrana los principales vectores de ataque de la influencia de Rusia sobre Reino Unido, con especial incidencia durante la campaña para el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El ISC destaca el carácter “nihilista” de la influencia rusa; en lugar de perseguir resultados políticos concretos, pretende suscitar la polémica y enardecer a la sociedad, fomentando la polarización del electorado y una pérdida gradual de la confianza de la población hacia las instituciones del país.

El primer vector de ataque reconocido en el informe consiste en la propia infraestructura cibernética británica, objeto de varios ataques cuyo origen parece relacionado con el Estado ruso. El daño causado por un ciberataque exitoso puede ser enorme, si se tiene en cuenta que las infraestructuras críticas de los países de nuestro entorno se encuentran digitalizadas e interconectadas y que un fallo en éstas puede llegar a impedir la prestación de servicios esenciales. Según el informe, los servicios de inteligencia rusos han alcanzado una relación simbiótica con la criminalidad organizada como forma de externalizar sus acciones y evitar la atribución directa de estos actos ilícitos. Los ciberataques, además, han sido utilizados para la captación de información confidencial, que puede ser filtrada posteriormente (en lo que se conoce como “hack and leak”).

El segundo vector de ataque es la opinión pública, que se ha mostrado especialmente vulnerable a campañas de desinformación en las sociedades abiertas. Las acciones centradas en la opinión pública parten de los medios de comunicación oficiales, con financiación gubernamental, con los que se consigue expandir mensajes contradictorios, sesgados o directamente falsos con el objetivo de generar confusión y avivar tensiones en la sociedad. Para potenciar de la labor de estos medios, se utilizan cuentas automatizadas en redes sociales (conocidas como “bots”), junto a otras cuentas dedicadas en exclusiva a generar disputa y confusión entre los usuarios de las redes sociales (conocidas como “trolls”). Estas acciones van más allá del ciberespacio, y se ha constatado la financiación de partidos políticos de ultraderecha europeos por parte de oligarcas rusos. Mientras que para aquéllos Rusia supone una fuente de financiación y apoyo, para Rusia la ultraderecha es una herramienta útil para sembrar disputa en las democracias liberales.

El tercer vector de ataque se encuentra en la diáspora empresarial rusa, cuyo crecimiento se ha incentivado desde la década de 1990 con los visados para inversores. Así, fortunas del espacio post-soviético han conseguido residencia en Reino Unido, que se ha visto favorecido por el flujo de capital extranjero, pero que a la vez ha brindado una oportunidad a la creación de empresas utilizadas como tapadera por agentes del gobierno ruso. La diáspora empresarial rusa, con profundos vínculos con su gobierno, ha tenido predilección por el mecenazgo de organizaciones de carácter pretendidamente altruista, así como por la creación de empresas en el sector de la seguridad. El informe señala con preocupación, además, las relaciones entre empresarios cercanos al gobierno ruso con miembros de la élite política y económica de Reino Unido.

 

Estados Unidos ante el auge de China

El 29 de septiembre de 2020, el Comité Permanente de Inteligencia de la Cámara de los Representantes de Estados Unidos (en adelante, HPSCI) publicaba un informe en el que se analiza el auge de China a nivel tecnológico, militar y político, en relación con las capacidades de inteligencia estadounidenses. La ambición de la República Popular de China por convertirse en líder mundial en avances tecnológicos ha implicado, según el informe, el robo de tecnología punta y el espionaje industrial contra países occidentales. Los avances alcanzados por China en el terreno tecnológico, continúa el informe, han permitido el desarrollo de potentes sistemas de vigilancia que permiten la monitorización y el control masivo de la población. Esta forma de autoritarismo digital, lejos de ser privativa, se ha convertido en un valioso bien a exportar a otros regímenes autoritarios del mundo.

Además, la expansión económica y tecnológica se ha complementado con una intensa carrera armamentística, fraguada sobre dos imperativos geopolíticos. En primer lugar, para China resulta prioritario asegurar el control sus cuatro territorios críticos: Xinjiang y Tíbet al oeste; Hong Kong y Taiwan al este. En segundo lugar, resulta crucial para la protección de los intereses comerciales chinos el control sobre el Mar del Sur de China y el Pacífico Sur, motivo por el que se están acometiendo cuantiosas inversiones en potenciar las fuerzas navales chinas para convertirlas en una fuerza de alcance oceánico.

Durante años, se mantuvo la idea del crecimiento económico de China como un proceso de democratización gradual a nivel interno, carente de ambiciones internacionales. Sin embargo, la ambición de China por ejercer influencia en América y Europa se ha evidenciado en los últimos años. El informe destaca las relaciones entre organizaciones ligadas al gobierno chino y administraciones locales, regionales y medios de comunicación, en países occidentales. La presencia de miembros de las instituciones chinas en redes sociales (plataformas como Twitter o Facebook, prohibidas para el público chino) se ha multiplicado en los últimos años. La campaña de relaciones públicas china en el año 2020 ha combinado una intensa campaña propagandística en torno al envío de material sanitario a países de la Unión Europea durante la primavera con una manifiesta hostilidad contra Australia, país especialmente crítico con la gestión de la pandemia en sus primeras fases por parte de las autoridades chinas.

 

Tres dificultades y una oportunidad

Con una pax americana que desfallece y un profundo malestar interno en varios Estados europeos, el auge de nuevas potencias plantea importantes cuestiones a las que urge contestar. ¿Resulta el auge de Rusia y China una amenaza a la seguridad internacional? Según el contenido de los informes analizados, para Reino Unido y Estados Unidos sí que supone una amenaza, mientras que Francia, Italia o Israel mantienen una postura más contenida. En cualquier caso, la evidencia existente pone de manifiesto los intentos de Rusia y China por influir en las dinámicas internas de las democracias liberales. Tres son las principales dificultades a las que éstas deben enfrentarse:

En primer lugar, las acciones de influencia de los últimos años se están caracterizando por la diversificación de los medios utilizados. En la actualidad, Rusia y China combinan una intensa carrera armamentística y el uso creciente de la disuasión militar con la utilización de la diplomacia y los medios de comunicación estatales. Mientras, se apoyan en grupos no estatales, con relaciones puntuales o estables de afiliación, encargados de perpetrar ciberataques, filtrar de forma interesada información confidencial, y de llevar a cabo operaciones psicológicas aprovechando el altavoz que proporcionan las redes sociales. La combinación de medios de disuasión (hard power) con medios de influencia (soft power), y de acciones en el plano físico con acciones cibernéticas, configura un escenario de gran complejidad. La implementación de contramedidas no puede limitarse a los ministerios de Interior y Defensa, sino que requiere una actuación conjunta de las administraciones en materias tan dispares como seguridad y defensa, diplomacia y relaciones públicas, economía y hacienda, educación e innovación tecnológica.

En segundo lugar, existe un problema de localización de esfuerzos y recursos. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 imprimieron un orden de prioridades muy específico en los aparatos de seguridad de los países occidentales, que destinaron a contraterrorismo la mayor parte de sus recursos. Sin embargo, la segunda década del siglo XXI ha demostrado que esta amenaza no es la única que atender, y que la influencia de otros Estados puede provocar desestabilización y pérdida de cohesión social. Ambos informes coinciden en la necesidad de una mayor inversión en capital humano las agencias de inteligencia (en otras palabras, invertir en reclutar o formar a analistas expertos en China y Rusia), y en reformular las prioridades y objetivos básicos a perseguir por los servicios de inteligencia, con el objetivo de alcanzar una mejor integración de esfuerzos entre las distintas agencias de cada país.

En tercer lugar, se debe atender a las tensiones políticas y sociales que puede llegar a generar, en sí misma, la lucha contra la influencia de otros Estados en el seno de un Estado democrático. La apertura a la inversión extranjera ha facilitado el establecimiento de agentes extranjeros en países occidentales que operan bajo la tapadera de empresas de apariencia legítima. De modo similar, la preservación de una red de Internet abierta y la libertad a las agencias de prensa para difundir sus informaciones ha generado la posibilidad de que otros Estados, de forma más o menos visible, puedan emitir informaciones falsas o engañosas que persigan afectar a la opinión pública. La solución a estos problemas dista de ser sencilla. La inversión extranjera seguirá siendo necesaria, especialmente en un contexto mundial tan complicado como el actual, mientras que la libertad de prensa constituye uno de los pilares fundacionales de cualquier Estado democrático. En un contexto de tan alta complejidad y ambigüedad, el intento de prevenir la influencia extranjera sobre sociedades democráticas puede terminar desembocando, paradójicamente, en la implementación de soluciones tendentes al autoritarismo, contrarias al carácter democrático de dichas sociedades, si no se ponderan adecuadamente las necesidades en juego.

La mayor oportunidad con la que cuentan las democracias liberales para hacer frente a la influencia extranjera no es otra, en definitiva, que su propia sociedad civil, libre y plural. Lejos de ser percibido como una debilidad frente a Estados autoritarios y centralizados, el sistema de libertades que caracteriza al Estado democrático debe ser considerado como la mayor de sus fortalezas. La promoción de una consciencia pública en materia de seguridad y defensa, que promueva entre la ciudadanía el conocimiento de nuestras instituciones y la comprensión de las principales tendencias globales, puede generar resiliencia en la población, una cualidad indispensable para superar las crisis actuales y las venideras. Sólo de esta manera será posible mantener el equilibrio entre la legítima crítica a las instituciones de gobierno y la necesaria confianza en la actuación de éstas.

 

Sin embargo, ¿somos realmente capaces de proporcionar una respuesta efectiva?

El crecimiento de las ambiciones de Estados como China o Rusia resulta paralelo al estancamiento y ensimismamiento de las democracias liberales. Los informes mencionados en este artículo no descubren ningún problema inesperado; numerosos analistas señalaron desde la crisis de Ucrania y la ocupación de Crimea (2014), y desde la intervención rusa en Siria (2015), que las acciones físicas (las botas sobre el terreno) desplegadas por Rusia en su entorno estratégico iban acompañadas de acciones psicológicas dirigidas contra la población de los países occidentales. Sin embargo, tales advertencias recibieron escasa atención, o incluso el rechazo de las autoridades competentes en países occidentales. El más claro ejemplo lo da el gobierno de Boris Johnson, en Reino Unido, que pospuso la publicación del informe del ISC para evitar una reacción del electorado contraria a sus intereses en las elecciones de diciembre de 2019.

Para concluir, no podemos olvidar que las campañas de desinformación no se limitan en exclusiva al ámbito interestatal. Las informaciones falsas, las campañas de desprestigio y el uso de fundaciones y medios de comunicación afines para confundir y crispar a la opinión pública se han convertido en herramientas habituales dentro de los Estados democráticos, con un papel clave en el auge de la ultraderecha en países como India, Estados Unidos o Brasil. La lucha contra las campañas de influencia extranjera no puede obviar este hecho. Atribuir en exclusiva la polarización social en los Estados democráticos a la acción de actores externos supone sobreestimar la capacidad de estos, concediéndoles así una primera victoria, a la vez que se ignora una miríada de problemas sociales, económicos y culturales que tienen su origen dentro, y no fuera, de los Estados afectados. Quién sabe si, por el camino de aplacar la influencia extranjera, los Estados democráticos encuentran la forma de enfrentar algunos de sus problemas internos.

 

> Referencias

Intelligence and Security Committee of Parliament (2020). Russia. Recuperado de https://docs.google.com/a/independent.gov.uk/viewer?a=v&pid=sites&srcid=aW5kZXBlbmRlbnQuZ292LnVrfGlzY3xneDo1Y2RhMGEyN2Y3NjM0OWFl

House Permanent Select Committee on Intelligence (2020). The China Deep Dive: A report on the Intelligence Community’s capabilities and competencies with respect to the People’s Republic of China. Recuperado de https://intelligence.house.gov/uploadedfiles/hpsci_china_deep_dive_redacted_summary_9.29.20.pdf

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