Se entiende por secta a todo aquel “grupo totalitario que emplea técnicas de persuasión coercitiva para captar a las personas y someterlas a la dependencia del grupo (…) que propicien la destrucción de la personalidad previa del adepto o la dañen severamente. El que, por su dinámica vital, ocasione la destrucción total o severa de los lazos afectivos y de comunicación afectiva del sectario con su entorno social habitual y consigo mismo” (Rodríguez-Carballeira, 1992).

Uno de los objetivos prioritarios de los grupos coercitivos es el reclutamiento de nuevos miembros a fin de cubrir las necesidades y deseos del líder o gurú. Para ello, las sectas analizan, estudian y utilizan las vulnerabilidades de las personas haciendo uso de una falsa apariencia que bajo ningún concepto evidencia sus fines manipulativos y perversos.

Las redes sociales, por otro lado, suponen un espacio virtual en el que los usuarios podemos exponer nuestras opiniones, sentimientos, ideas y preferencias a un público conocido (o no). Obviando las ventajas evidentes de las RRSS – de las que disfrutamos la mayoría – existen ciertos riesgos que pueden poner en peligro nuestra salud psicológica y física, así como la de nuestros seres queridos: cyberbullying, grooming, adicción, sexting, etc. Éste artículo se centra en uno de los peligros más desconocidos de las RRSS e internet: la captación sectaria.

La accesibilidad y el formato atractivo-dinámico de las redes sociales ha facilitado enormemente la mejora y ampliación de los métodos manipulativos que utilizan las sectas para atraer a posibles adeptos. Partiendo de un adecuado posicionamiento, los grupos coercitivos utilizan cada vez con más frecuencia plataformas como Facebook, Twitter e Instagram para venderse y llegar a un número mayor de usuarios. Se podría decir que han pasado de utilizar folletos y panfletos para publicitarse a crear perfiles influyentes y atractivos en redes sociales, a las que cualquiera puede tener acceso. A veces incluso consiguen el apoyo de personajes públicos que refuerzan su credibilidad.

Una de las estrategias coercitivas más utilizadas para asegurar la adhesión al grupo es el aislamiento de la víctima, separándola gradualmente de su mundo anterior y rompiendo con sutileza sus lazos afectivos (Cuevas, 2006). En este sentido, las RRSS suponen una gran ventaja. El usuario ya se encuentra aislado del exterior en un espacio virtual donde está expuesto a un bombardeo continuo de información y que le permite interactuar con iguales que comparten sus mismos gustos e intereses. En nuestras redes sociales, nosotros somos los protagonistas. Los propios pensamientos y valores, además de numerosa información personal, queda a disposición de movimientos sectarios que se presentan siempre desde un prisma positivo.

Rompiendo el mito de que únicamente las personas con problemas mentales y vitales importantes son vulnerables a la captación sectaria, cabe destacar que cualquier individuo es sensible a la atracción y vinculación con un grupo coercitivo. No existe un perfil concreto de víctima de sectarismo. Aún así, en cuanto a lo que a predisposición se refiere, sí que existen ciertos factores que hacen a las personas más vulnerables a la captación: baja autoestima, insatisfacción vital, deseo de formar parte de un grupo, problemas de pareja y/o familiares, etapa de adolescencia y juventud, búsqueda de sensaciones y espiritualidad, valores religiosos, soledad, etc. (Cuevas y Perlado, 2011).

A lo anterior, podemos añadir algunos rasgos de personalidad que influyen notablemente en la facilidad con la que las sectas calan en determinados usuarios; hablamos de personas introvertidas que encuentran en las RRSS un medio fácil de comunicación sin necesidad de desplazarse. Una población  confusa a nivel vital, con escasas habilidades sociales y tendencia a la soledad y el individualismo.

Los movimientos coercitivos y sectarios son difícilmente reconocibles en la vida real debido al conjunto de elementos que utilizan para presentarse: aspecto cuidado y en muchos casos elitista, fines aparentemente altruistas, apariencia familiar y unión entre los miembros, implicación en obras sociales y de ayuda a los necesitados, promesas de cambio, felicidad y autorrealización, etc. Esta dificultad aumenta en el contexto virtual al ocultarse sus acciones y verdaderos intereses dentro de ámbitos de relevancia actual, como son el ecologismo, la alimentación vegana, el movimiento feminista, formación en terapias alternativas y e-marketing, entre otros.

Merece la pena recalcar que el objetivo principal de una secta no es, como se tiende a pensar, el lucro económico. Sería este un objetivo secundario, al igual que suele serlo la obtención de beneficios sexuales o la subsistencia a costa del trabajo de los miembros. El propósito principal de un grupo de coerción es conseguir el control y dominio sobre la mente de la persona, crear en ella un estado de dependencia al grupo que garantice su sumisión y finalmente la total dedicación de la misma a la doctrina del grupo (Rodríguez, 2000).

Así, una secta tratará de ganarse la confianza de la futura víctima a través de un primer contacto por el que conseguirá que baje la guardia.  Pondrá en marcha estrategias de persuasión coercitiva enfocadas a la reestructuración del pensamiento y, posteriormente, del comportamiento de la persona. Mediante el uso de mentiras y un lenguaje manipulado, la secta logrará introducirse en el mundo interior de la persona para obtener la información que utilizará más tarde para eliminar las ideas previas del individuo respecto a sí mismo, el mundo y los demás. Este proceso perverso (violencia psicológica) trae consigo una pérdida de identidad total y la ruptura con su entorno social habitual.

A la hora de impedir la manipulación y el enganche de nuevas víctimas, cabría destacar la necesidad de mejorar los mecanismos control de los perfiles fraudulentos, perjudiciales y engañosos en las redes sociales, que a día de hoy, facilitan aún más la labor de estos grupos. Por otra parte, el desarrollo de estrategias de resistencia a la persuasión constituye uno de los pilares fundamentales a la hora de disminuir la vulnerabilidad a la captación. Esto se lograría poniendo en conocimiento de los usuarios la existencia del riesgo de captación sectaria, a fin de prevenir la consecución de sus fines manipulativos.

Rodríguez-Carballeira, A. (1992). El lavado de cerebro. Psicología de la persuasión   coercitiva.      Barcelona: Boixareu Universitaria.

Cuevas, J. M. y Canto, J. M. (2006). Sectas: cómo funcionan, cómo son sus líderes, efectos destructivos y cómo combatirlas. Málaga: Ediciones Aljibe.

Cuevas, J.M. y Perlado, M. (2011). Abuso psicológico grupal y sectas destructivas. Barcelona: ediciones AIIAP.

Rodríguez, P. (2000). Adicción a las sectas. Barcelona: Ediciones B.

Fernández-Murcia, A. (2017). Adolescencia, Redes Sociales y grupos coercitivos: problemática, detección e intervención juvenil. Revista Traspasos.

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