Con la aparición de Internet surgió la comunicación entre aplicaciones basada en la relación cliente-servidor. El cliente o usuario a través de la aplicación envía una solicitud de comunicación al servidor que la procesa y responde.

Poco después surgieron las redes peer-to-peer (P2P por sus siglas en inglés), un tipo de arquitectura para la comunicación entre aplicaciones que permitía a los ordenadores o nodos integrados comunicarse y compartir información sin necesidad de un servidor central que la facilite (Panda Security, 2010). Los usuarios interesados en participar en estas redes solo necesitan descargar el software de la red en cuestión y su ordenador pasará a ser uno de los nodos que la conforman. Así se permite una relación horizontal entre los nodos compartiendo recursos como el almacenamiento y la capacidad de procesamiento sin intermediarios, de ahí que se les considere peers, iguales o pares.

A diferencia del paradigma anterior de cliente-servidor, en este caso no hay un servidor central que gestione, controle, compruebe y almacene los recursos que se están intercambiando. Esto permite solucionar que un aumento de clientes pueda ocasionar que el servidor central no sea capaz de reaccionar y adaptarse para dar respuesta a todas las peticiones realizadas sin perder calidad (escalabilidad).

De esta forma, este tipo de redes se han utilizado para intercambiar creaciones propias, software libre, etc. Pero, aunque el intercambio de archivos sea la utilidad más conocida, las redes P2P también se han utilizado en aplicaciones que permiten streaming de vídeo, videollamadas, música o incluso la transferencia de criptomonedas mediante la red Bitcoin. Un ejemplo de ello es la aplicación de música en streaming “Spotify” que en sus inicios utilizó una red peer-to-peer en su aplicación de escritorio, lo que le permitió ahorrar en recursos y costos asociados hasta que pudo permitirse la introducción de servidores centrales y la eliminación de la tecnología P2P.

No obstante, las redes P2P comenzaron a tener éxito a partir de que Napster, considerada como la primera gran red P2P de intercambio de archivos, permitiera el intercambio de archivos de música en formato mp3. No era realmente una red P2P pura, sino que tenía un servidor central que indexaba usuarios y archivos compartidos. Esto le permitió cerrar completamente tras una serie de demandas millonarias por parte de discográficas. No obstante, ya había inspirado la creación de muchos otros programas similares que han tenido mucho éxito como Ares (Ares Galaxy), eDonkey (eMule) y BitTorrent y se han usado mundialmente.

Sin embargo, esta posibilidad de intercambio de archivos sin servidores centrales ha dado paso a ciertos tipos de actividades delictivas. Ya con la aparición de Napster se planteó la legalidad o no de estas plataformas. Estas tecnologías no son ilegales en sí mismas ya que se crearon con la finalidad de compartir recursos entre usuarios pudiendo suponer esto el intercambio de material de elaboración propia, por ejemplo. No obstante, se han aprovechado para intercambiar material audiovisual con derechos de autor, cometiendo delitos contra la propiedad intelectual.

La legalidad de la creación de estas ya se determinó con la sentencia histórica del desarrollador Pablo Soto en la que la Audiencia Provincial de Madrid desestimaba el recurso de las discográficas Warner, Universal EMI, Sony BMG y la patronal musical española Promusicae que lo demandaban por 13 millones de euros por haber desarrollado un programa de intercambio de archivos P2P, acusado de infringir la propiedad intelectual y por competencia desleal (Romero, 2015).

Pero para que los usuarios puedan descargar este material es necesario que conozcan los enlaces de descarga de los archivos. Por ello, el objetivo de la policía son las páginas web que proporcionan listados de enlaces de descarga de material protegido y que además tienen publicidad, lucrándose con esta actividad (Europa Press, 2017). En este sentido, es conocido el caso “Sharemula”, una web que contenía listados de enlaces P2P de descarga y cuya titular fue condenada por la Audiencia Provincial de Madrid a pagar más de 2 millones de euros a las principales discográficas españolas (EFE, 2017).

No obstante, los delitos contra la propiedad intelectual no han sido los únicos que se han vinculado estrechamente con las redes P2P. En relación con las aplicaciones de intercambio de archivos, se han registrado muchos casos de distribución de pornografía infantil utilizando programas conocidos como eMule o BitTorrent que emplean redes P2P. En este sentido, es ilustrativa la sentencia núm. 1377/2011 de 19 de diciembre del Tribunal Supremo (Sala de lo Penal, Sección 1ª) en la que un sujeto es condenado por un delito de corrupción de menores relativo a la distribución de pornografía infantil por descargar, almacenar y compartir un archivo de vídeo de contenido pornográfico infantil. Para ello, usaba el programa eMule de la red eDonkey poniendo a disposición del resto de usuarios de la red vídeos que contenían diversas agresiones sexuales a menores.

La descarga de archivos empleando estos programas supone su almacenamiento en una carpeta que a su vez se comparte con el resto de los integrantes de la red. Por ello, Cecilia Carrión, del Grupo 3 de Protección al Menor de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional ha expresado que el material que queda almacenado en los ordenadores de los pedófilos está muy distribuido y en continua circulación, siendo muy difícil su eliminación al no poder acudir a un servidor central para ello (Attanasio, 2020).

Este pudiera parecer un tema anticuado ya en desuso, pero lo cierto es que demuestra la dificultad de su persecución con nuevos casos recientes. Así, Catherine De Bolle, directora ejecutiva de Europol expuso que el cibercrimen ha experimentado un aumento durante la epidemia del COVID-19 y con este la búsqueda de material de abuso sexual infantil (Reuters, 2020). Se ha expresado incluso que los círculos de pedófilos son conscientes del aumento de oportunidades para obtener este tipo de material debido al mayor número de menores en el entorno online (Europol, 2020, p.8). Así, las autoridades policiales nacionales de los 27 estados de la UE han reportado un aumento de actividades pedófilas dado por un mayor acceso a sitios web ilegales y al cierre de más plataformas en línea para el intercambio de material sexual infantil (Reuters, 2020). Según Policía Nacional ha aumentado en un 25% el número de conexiones detectadas en las se ha descargado este tipo de material a través de redes peer-to-peer (eMule, Gnutella y BitTorrent) pasando de 16911 casos entre 17-24 de marzo a 21094 casos entre el 24-31 de marzo (Europol, 2020, p.8).

De esta forma, se puede concluir diciendo que las peculiaridades de las redes P2P hacen que los delitos que se desarrollan a través de ellas sean complejos de perseguir viéndose nuevos casos recientes. Los delitos señalados aquí son los más habitualmente relacionados con el empleo de esta tecnología, sin embargo, pueden darse otros menos conocidos que las pudieran estar utilizando. Esta variedad en su utilización viene a destacar la neutralidad de la tecnología como han señalado ya algunos expertos, de forma que son los usuarios los que determinan si utilizarla de una forma u otra, es decir conforme a la ley vigente o no. Por ello, se considera necesario conocerla para poder responder de una forma que respete la motivación lícita con la que muchas de estas tecnologías fueron creadas.

Bibliografía

Attanasio, A. (25 de abril de 2020). Coronavirus: el dramático incremento del consumo de pornografía infantil en el confinamiento por el COVID-19. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52385436

Efe (27 de diciembre de 2017). La web Sharemula, condenada a pagar más de dos millones de euros por piratería. El País. https://elpais.com/cultura/2017/12/27/actualidad/1514378140_348486.html

Europa Press (20 de abril de 2017). Qué es una conexión P2P y por qué se utiliza para la piratería. Portaltic. https://www.europapress.es/portaltic/internet/noticia-conexion-p2p-utiliza-pirateria-20170420085940.html

Europol (3 de Abril de 2020). Catching the virus cybercrime, disinformation and the COVID-19 pandemic. https://www.europol.europa.eu/publications-documents/catching-virus-cybercrime-disinformation-and-covid-19-pandemic

García, J. (31 de agosto de 2019). Napster: inicio, auge y caída del servicio que puso en jaque a la industria musical. Xataka. https://www.xataka.com/historia-tecnologica/napster-inicio-auge-caida-servicio-que-puso-jaque-a-industria-musical

Panda Security (2010). ¿Qué es peer-to-peer (P2P)? http://resources.pandasecurity.com/enterprise/solutions/8.%20WP%20PCIP%20que%20es%20p2p.pdf

Romero, P. (16 de junio de 2015). Pablo Soto vuelve a ganar a las discográficas: crear tecnología P2P es legal. El Mundo. https://www.elmundo.es/tecnologia/2014/04/09/5345682322601d2c688b4580.html

Reuters (18 de mayo de 2020). Online child sex abuse rises with COVID-19 lockdowns: Europol. https://www.reuters.com/article/us-health-coronavirus-eu-crime/online-child-sex-abuse-rises-with-covid-19-lockdowns-europol-idUSKBN22U1XK

Tribunal Supremo (Sala de lo Penal, Sección 1ª), sentencia núm. 1377/2011 de 19 diciembre.

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