Periódicamente, en los medios de comunicación destacan noticias relativas a la salida de prisión de personas que cumplen, o han cumplido condena, por agresión y/o abuso sexual, homicidio, asesinato o terrorismo. 

Estas salidas del centro penitenciario, ya sea porque se encuentran disfrutando de algún beneficio penitenciario (permisos de salida, progresión en grado, libertad vigilada) o porque ya han finalizado el cumplimiento de la condena, tienen en común la especial reacción y alarma social que generan, dada la gravedad de la conducta violenta. Por este motivo, vuelven a poner sobre la mesa el eterno debate de la adecuación de dejar en libertad a este tipo de agresores.

Es justo en este punto del debate, el de la adecuación de que ciertos individuos con perfiles delictivos especialmente graves, puedan disfrutar de beneficios penitenciarios o se exija un seguimiento tras el cumplimiento de la condena, en la que el criminólogo tiene un papel relevante, en cuanto a experto en el fenómeno delictivo se refiere.

Una de las diversas competencias con las que cuenta el criminólogo es la del manejo de distintas técnicas para la valoración y predicción del riesgo de comportamiento violento, así como su posterior gestión. Estas técnicas se llevan a cabo mediante juicios clínicos estandarizados o actuariales, y protocolos contrastados, válidos y fiables (Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010; Loinaz, 2017) para cada tipo delictivo y que tienen como objetivo estimar la probabilidad de ocurrencia del comportamiento violento futuro en un individuo concreto. Es necesario matizar que estos instrumentos no se utilizan exclusivamente en el ámbito penitenciario sino que se extienden a muchas otras áreas del ámbito jurídico y asistencial.

Asimismo, como se ha comentado anteriormente, una de las principales características de estas herramientas es que son especificas para cada perfil delictivo. Esta característica permite adecuar la evaluación del riesgo según los criterios y factores propios de cada conducta violenta; no son las mismas características las del condenado por agresión sexual que las del condenado por terrorismo. Esta especificidad, dota a  las herramientas de evaluación de una mayor fiabilidad y validez, aunque esto no es suficiente por si solo, tal y como se puede comprobar en manuales específicos en esta materia.

Por otro lado, la búsqueda de esta especificidad lleva aparejada la proliferación de instrumentos, que tal y como expone Loinaz (2017, p.143) en su manual de evaluación del riesgo de violencia, contamos con más de 200 instrumentos comercializados y otros 200 pertenecientes a instituciones. Pese a que a nivel internacional contamos con gran cantidad de instrumentos de evaluación del riesgo, la literatura científica española coincide que el volumen de instrumentos contrastados y válidos para su uso en España, es mucho menor. 

Un requisito esencial para el manejo de estos instrumentos es la capacidad del evaluador. Aunque inicialmente se comente que el criminólogo cuenta con la competencia para llevar a cabo este tipo de evaluaciones, es imprescindible que además se especialice en esta rama de la criminología  y se someta a un constante reciclaje. 

Finalmente, no hay que olvidar que todas estas herramientas tienen como fin último (Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010; Loinaz, 2017) ser de utilidad para la posterior gestión del riesgo, es decir, para atender todos aquellos factores que aumentan el riesgo de conducta violenta, para su posterior prevención e intervención eficaz, y de esta manera ajustar la adecuación de la concesión de los distintos beneficios penitenciarios que en varias ocasiones reabren el ya comentado debate. 

A continuación se expone en forma de tabla algunos de los instrumentos de evaluación del riesgo de violencia más utilizados:

Tipo de violencia Instrumentos Características
Violencia inespecífica HCR-20 20 ítems – Factores históricos, clínicos y gestión
PCL-R 20 ítems – Psicopatía
VRAG 12 ítems – Tipo actuarial
SAPROF 17 ítems – Factores protectores (complemento para otros instrumentos)
Violencia de pareja SARA 20 ítems  (v.1 y v.2) – 24 ítems (v.3)
EPV-R 20 ítems – Datos personales, situación de la relación de pareja, tipo de violencia, perfil del agresor y vulnerabilidad de la víctima.
DA 20 ítems – Autoinforme de la víctima
RVD-Bcn 16 ítems – Información a través de la víctima
ODARA 13 ítems – Actuarial 
Violencia sexual SVR-20 20 ítems – Ajuste psicosocial, delitos sexuales y planes de futuro
STATIC-99 10 ítems – Actuarial – Información sociodemográfica, historial delictivo oficial y víctimas.
Violencia juvenil SAVRY 24 ítems – Factores históricos, sociales/contextuales, individuales/clínicos y factores de protección.
SAPROF-YV 16 ítems – Factores dinámicos (resiliencia, motivación, relación y externos)
ERASOR 25 ítems – Delincuencia sexual en jóvenes
Terrorismo VERA 31 ítems – Creencias y actitudes, contexto o intención, historia y capacidad, compromiso y motivación, factores de protección.

Bibliografía:

Andrés-Pueyo, A. y Echeburúa, E. (2010). Valoración del riesgo de violencia: Instrumentos disponibles e indicaciones de aplicación. Psicothema, 22, 403-409

Loinaz, I. (2017). Manual del evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación. Madrid: Ediciones Pirámide.

Dejar respuesta

¡Por favor introduce tu comentario!
Por favor introduce tu nombre aquí