Los datos estadísticos sobre la violencia de género reflejan que este tipo de casos no disminuyen. Según los datos del Laboratorio SQ-Lingüistas Forenses es uno de los casos en los que más volumen de dictámenes periciales realizamos a petición de la propia víctima o de terceros como pueden ser su representante legal o su psicólogo forense.

En casos de violencia doméstica el lingüista forense se centra fundamentalmente en la detección del abuso verbal. El abuso verbal se incluye entre las formas que puede usar el agresor para ejercer su poder sobre la víctima y, además, se trata de un comportamiento que habitualmente precede a la violencia física (Bosch 2004). Entre los efectos que ocasiona el abuso verbal sobre la víctima destacan la erosión de su autoestima, su debilitación emocional, la humillación, el daño psicológico y emocional y la subyugación al control y manipulación que ejerce mediante él el agresor. Por otro lado, el abuso verbal le sirve al agresor para reafirmarse en su posición de poder, jerárquicamente superior a la víctima (Bosch, 2004).

Los peritos en lingüística forense especializados en violencia doméstica o de género solemos intervenir en tres momentos, primordialmente, en el momento de interponer la denuncia emitiendo un dictamen pericial sobre la existencia de abuso verbal, en la preparación del juicio con la víctima ayudándole a afrontar el juicio y, finalmente, en el tratamiento a posteriori de la víctima.

 

Prueba pericial para la denúncia

La Lingüística Forense permite analizar el lenguaje para evidenciar la existencia de abuso verbal en casos de violencia de género. La violencia no es solo física sino que, generalmente, empieza y se materializa a través las palabras en forma de violencia verbal. El lingüista forense analiza distintos elementos entre los que destacan la manifestación de la jerarquía de poder, la existencia de amenazas, la delegación de la culpabilidad y la restauración del daño causado por parte del agresor y, finalmente, la manipulación.

 

Jerarquía de poder

El poder se puede definir como la capacidad de un individuo para obtener efectos deseados de otro individuo (Mayora Pernía, 2015). Una de las herramientas más utilizadas y efectivas para conseguir y mantener el poder es el lenguaje. El poder puede alcanzarse y asegurarse mediante métodos pacíficos o violentos, también cuando se trata del uso del lenguaje. Como indica Karlberg (2005: 11), en contextos en que se establecen relaciones de poder adversariales (en los que una parte ejerce el poder contra otra) la existencia de una jerarquía conduce a la opresión, la explotación y otros resultados no deseables. Las estrategias lingüísticas que establecen y refuerzan jerarquía asimétrica son el uso de sufijos diminutivos con carga peyorativa, el uso de insultos, la profusión de advertencias y amenazas y la descripción del emisor en relación con su inteligencia, que se contrasta explícita o implícitamente con la del destinatario, presentada como inferior.

 

Fuente: https://gaptain.com/blog/wp-content/uploads/2020/06/violencia-genero-jovenes-y-adolescentes_1506441623.jpg

 

Amenazas

Según Gámez-Guadix, Jaureguizar, Almendros y Carrobles(2012), el abuso verbal puede concretarse, además de en insultos, en amenazas y otras estrategias comunicativas. Asimismo, Herrera, Peraza y Porter (2004) señalan que las amenazas son una de las estrategias que emplean los agresores en casos de violencia intrafamiliar. En algunos casos las amenazas pueden ser directas a través de declaraciones explícitas como en «voy a romperlo todo» pero también indirectas como en  «te vas a enterar» o incluso condicionadas «si sales por la puerta, no te dejaré volver».

El análisis lingüístico de las amenazas debe abordarse desde  el análisis discursivo-argumentativo, el psicolingüístico, el sintáctico y el semántico. El análisis lingüístico permitirá determinar si el agresor manifiesta amenazas y clasificarlas pero también determinar el grado de cumplimiento que pueden tener esas amenazas.

 

Culpabilidad y restauración del daño causado

Lingüísticamente, la relación de poder desequilibrada se construye mediante el uso de estrategias propias del abuso verbal, que incluyen actos de habla como la descalificación, la acusación y la culpabilización. En las comunicaciones de los agresores se suelen observar estrategias comunicativas que coinciden con las propias de la fase de manipulación afectiva descrita por la reconocida psicóloga Leonore Walker en su Teoría del Ciclo de la Violencia: mostrar amabilidad, cariño y arrepentimiento y pedir disculpas (Herrera, Peraza y Porter 2004; Walker 2012). De este modo, en las comunicaciones orales o escritas del agresor se suelen detectar discursivas por las que el emisor se distancia de hechos negativos, minimiza su importancia y apela a experiencias (previas y futuras) compartidas (o que proyecta compartir) con su víctima para reforzar su relación interpersonal.

También es frecuente que el agresor recurra a la estrategia discursiva de acusación o culpabilización de la víctima (la pareja), a la cual le suele atribuir la responsabilidad de hechos negativos que recaen sobre el agresor o terceras partes (como menores).

 

Manipulación

Finalmente, otra de las estrategias en casos de violencia intrafamiliar es la manipulación de la realidad, que desde el punto de vista lingüístico se estudia a través del concepto de espacio mental propuesto por el lingüista Fauconnier (1985). Los espacios mentales son constructos distintos de la realidad construidos a partir del discurso y las estructuras lingüísticas, y, como apunta Pascual (2012: 151), «representan realidades posibles en vez de ser reflejos exactos y objetivos de una realidad concreta». Además, estos espacios mentales se introducen por medios lingüísticos (expresiones gramaticales, estructuras sintácticas y palabras léxicas) que se denominan «constructores de espacios» (space-builders) (Pascual, 2012:150). Con el objetivo de ocultar o distorsionar la realidad, la persona que pretende engañar utilizará estrategias lingüísticas como constructores de espacios mentales incongruentes con la realidad con la finalidad de que se interpreten como reales y convencer de este modo a la víctima sobre sus atributos o hechos.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2013/07/perfil-cabeza-marioneta-interior.jpg

 

Preparación del juicio de la víctima

Es habitual que las víctimas de violencia de género, sobre todo, en casos en los que el maltrato se ha producido durante años no puedan expresar lo que les ha ocurrido de forma asertiva. El maltratador las ha llegado a convencer de que “nadie las va a creer”, que “no le van a pillar porque es más listo que ella” o que “exagera y no hay para tanto”. Además, muchas veces la declaración de la víctima es la única prueba de cargo y por eso es tan importante que la víctima vaya psicológicamente y lingüísticamente preparada para el juicio.

 

Mediante el trabajo conjunto de los profesionales debemos conferir al discurso de la víctima credibilidad, verosimilitud, persistencia en la acusación y reducir el nivel de ansiedad de la víctima. El lingüista forense puede asesorar a la víctima para construir un relato lógico, con coherencia interna y externa, apoyando los hechos narrados con datos objetivos. Evitando contradicciones, ambigüedad que puedan ser usadas por el agresor para poner en duda la veracidad de la declaración.

Fuente: https://eliaspuelles.com/wp-content/uploads/2016/05/interrogatorio-de-testigo1.jpg

 

Entre los puntos que vamos a trabajar en la declaración destaco a continuación aquellos que son considerados como esenciales en la toma de declaración de víctimas de violencia de género (CGPJ, 2018). Recomendamos empezar por el episodio que ha desencadenado el proceso judicial y seguir por los más próximos a los más lejanos en el tiempo, les ayudamos a concretar fechas, lugares y muy importante si hubo personas que lo presenciaron o si se lo contó a alguien y si requirió asistencia médica.  En segundo lugar, en la descripción de los episodios es importante que detalle elementos que podrían influir en la calificación de delito el lugar de los hechos, si lo presenciaron los hijos, si hubo sustancias, armas, si hubo amenazas y cuáles fueron exactamente las amenazas, etc. En tercer lugar, los motivos por los que denuncia ahora y no antes, por miedo, vergüenza, dependencia, etc. En cuarto lugar, el día a día, para conocer el control del agresor sobre la víctima, si la coacciona, si la insulta, si ha tenido que cambiar sus rutinas por indicación del agresor, etc. En quinto lugar, intentar recabar pruebas materiales en las que se puedan poner de manifiesto los episodios, las rutinas e incluso sus vivencias, como podría ser un diario, conversaciones de WhatsApp con él o con terceras personas, etc.

 

El lingüista forense, también deberá trabajar las estrategias discursivas durante el juicio, como podrían ser las preguntas y las respuestas. A pesar de que el artículo 709 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal encomienda a los agentes judiciales en juicios penales que no se permiten las preguntas capciosas, sugestivas o impertinentes, sí que es cierto que a veces se formulan, por este motivo, es importante que preparemos a la víctima para detectar este tipo de preguntas y saber cómo responder en el supuesto de que ni su representante legal ni el juez las rechacen.

 

Tratamiento de la víctima

Mediante la interacción con otras personas, construimos nuestras experiencias, valores, intereses, en definitiva, nuestra identidad. Este hecho se refleja claramente en una de las estrategias detectadas en las comunicaciones de los agresores, la exposición de elementos discursivos contrapuestos que presentan actitudes y comportamientos del agresor en contraste con los de la víctima. De este modo, el agresor ha sido capaz de modificar la percepción de la identidad de la víctima a través de la repetición de ciertos atributos negativos. Como decía, los hablantes construimos nuestras identidades en la interacción con los demás. Así, cuando alguien habla de sí mismo, indica cómo se percibe y, a la vez, proyecta la imagen que desea que otros se hagan de él o ella.

Fuente: https://harmonia.la/imagen_nota/autoestima_trabajar.jpg

 

Los lingüistas forenses, juntamente con los psicólogos forenses y los trabajadores sociales, deberemos acompañar a la víctima en esta reconstrucción de la identidad, trabajando sobre su imagen positiva (la necesidad de que otros nos aprecien) y su  imagen negativa (la necesidad de que otros nos respeten nuestro espacio) según el modelo de modelo de Brown y Levinson (1987). Se abordará la autorreferencialidad y la autodescripción de forma recurrente para reconstruir la imagen de la víctima. Con este tratamiento, la víctima será capaz de transmitir de nuevo sus ideas y reconstruir e interiorizar su imagen la cual había sido menoscaba al mílimetro por el agresor durante años de constantes abusos verbales que sin duda han tenido consecuencias psíquicas y morales sobre la víctima, consecuencias que son punibles y constituyentes de delitos. La lingüística forense es una prueba más en el proceso judicial que permite evidenciar los delitos sin lesiones físicas pero sí con lesiones psicológicas.

 


> Referencias bibliográficas

Bosch, K. (2004). When words are used as weapons: The signs of verbal abuse. (Part 2 of a four part series). Historical Materials from University of Nebraska-Lincoln Extension, 545. https://digitalcommons.unl.edu/extensionhist/545/

Brown, P. y Levinson, S. (1987). Politeness. Some Universals in Language Use. Cambridge: Cambridge University Press.

Consejo General del Poder Judicial de España (CGPJ). Grupo de Expertos en Violencia Doméstica y de Género. (2018) Guía de buenas prácticas para la toma de declaración de víctimas de violencia de género. Madrid. Disponible en: http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Violencia-domestica-y-de-genero/Grupos-de-expertos/Guia-de-buenas-practicas-para-la-toma-de-declaracion-de-victimas-de-violencia-de-genero

Fauconnier, G. (1985). Mental Spaces. Cambridge, Mass.: MIT Press.

Gámez-Guadix, M., Jaureguizar, J., Almendros, C. y Carrobles, J. A. (2012). Estilos de socialización familiar y violencia de hijos a padres en población española. Behavioral Psychology / Psicología Conductual, 20(3), 585-602.

Herrera Rodas, C. L., Peraza Segura, C. y Porter Aguilar, H. (2004). EL abuso verbal dentro de la violencia doméstica. Medicina legal de Costa Rica, 21(1), Recuperado de https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152004000100005 [23 de marzo de 2020].

Karlberg, M. (2005). The power of discourse and the discourse of power: Pursuing peace through discourse intervention. International Journal of Peace Studies, 10(1), 1-23.

Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito. Boletín Oficial del Estado, 101, de 28 de abril de 2015.

Mayora Pernía, C. A. (2015). Aportes de la lingüística aplicada al estudio del poder. Lenguaje, 43(1), 57-83.

Pascual Olivé, E. (2012). Los espacios mentales y la integración conceptual. En I. Ibarretxe Antuñano y J. Valenzuela Manzanares Lingüística cognitiva, 147-166.

Artículo anteriorEl mito de la trata de blancas
Sheila Queralt
Perito judicial en lingüística forense y directora del Laboratorio SQ-Lingüistas Forenses. Forma parte del grupo de mentores nombrados para asesorar en la Liga Nacional Interuniversitaria de retos en el ciberespacio organizada por la Guardia Civil. Doctora en ciencias del lenguaje y profesora e investigadora colaboradora en distintas universidades. Es autora del Decálogo para solicitar una pericial lingüística, coautora de la guía Soy lingüista, lingüista forense y del manual Fundamentos de Lingüística Forense, así como de múltiples artículos científicos y capítulos de libro.Asimismo, es autora del blog semanal Por la boca muere el malo en Archiletras.

Dejar respuesta

¡Por favor introduce tu comentario!
Por favor introduce tu nombre aquí