“Mientras tanto gremialmente se intentan, no tanto soluciones,

(que quizá no existan porque toda solución pueda llegar a ser

solución clarificante) como salidas. No me parece mal: 

las salidas tienen menos dignidad aparente que las soluciones,

pero también son menos peligrosas. Es prudente buscar salidas

y arriesgado buscar soluciones; culpable nadie quiere serlo.

Las “salidas” provienen por lo general más del ingenio y de la demanda 

que de la reflexión”

Amelia Valcárcel

Empezar este artículo me está resultando muy complicado. Porque es jugar en tierra de nadie pero donde todos y todas tenemos voz, voto, conocimientos (fundamentados o falsos), atrevidas sugerencias y, sobre todo, mucha, mucha “opinología”. Realities, shows, news, fakenews, FB, TW, IG… todos y todas sabemos qué es un parto normal (digo parto normal con la evidencia científica en la mano, por lo que, en contraposición, todos y todas conocemos también cuándo dicho parto deja de ser normal y requiere de intervención médica tal y como los/as sanitarios/as nos puedan estar explicando de mejor o peor manera) y todos y todas sabemos en qué momento podemos decir basta y hacer valer nuestros derechos, o por el contrario, entendemos que no hay derechos que hacer valer ya que nuestros cuerpos pueden ser siempre intervenidos en aras y en beneficio de un interés supremo, el del feto, para lo que no se requiere ni siquiera nuestra opinión. Todos/as sabemos, todos/as opinamos, todos/as silenciamos.

Empezar este artículo es parecer ser una irresponsable que juega a luchar contra los/as sanitarios/as que tan gran trabajo hacen. Es juzgarles. Pero nada más lejos de la realidad. Os invito a leer mi último artículo en este mismo blog para entender que no trato de demonizar a la comunidad sanitaria y día a día trabajo con muchos/as a los/as que admiro y respeto profundamente, sino que pretendo esclarecer DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES ENTRE SU ACTUACIÓN Y NUESTROS DERECHOS COMO MUJERES USUARIAS DE LOS SERVICIOS DE SALUD REPRODUCTIVA Y SEXUAL, ESPECIALMENTE DURANTE EL PARTO. Que la medicina salva vidas es indudable, pero que tal y como se ha conformado el sistema en el que vivimos, estructuralmente hablando, las mujeres no hemos tenido voz en muchas de las cuestiones que nos atañen directamente, también es indudable. Así como lo es el hecho de que desde los años 70 la alta medicalización y apropiación sanitaria de los embarazos y partos han ido in crescendo hasta llegar a un punto en que los hemos convertido en patológicos o en enfermedades y puestos a disposición de la comodidad y del ego de muchos/as sanitarios/as sin importar nuestros deseos o decisiones.

Sin pretender una injusta comparación con otros países, creo conveniente empezar haciendo mención a la OMS que en 2015 publicó una Declaración en la que condenaba, rotundamente, el maltrato físico, la humillación y la agresión verbal, LOS PROCEDIMIENTOS MÉDICOS COERCITIVOS O NO CONSENTIDOS, la falta de confidencialidad, EL HECHO DE NO OBTENER EL CONSENTIMIENTO PLENAMENTE INFORMADO, las graves violaciones de la intimidad, el abandono de las mujeres durante el parto que puede llevarles a sufrir complicaciones y amenazar su vida y la de sus bebés, etc (todo esto conforma lo que ya la ONU ha denominado VIOLENCIA OBSTÉTRICA). En esta declaración, la OMS también reconoció que ESE MALTRATO NO SOLO VIOLA EL DERECHO DE LAS MUJERES A UNA ATENCIÓN RESPETUOSA, SINO QUE TAMBIÉN PUEDE PONER EN PELIGRO SU DERECHO A LA VIDA, A LA SALUD, A SU INTEGRIDAD FÍSICA Y  A NO SER OBJETO DE DISCRIMINACIÓN.

Dicho esto, habré al menos sembrado la duda: algo debe de estar pasando en cuanto a la atención hospitalaria en el parto como para que la OMS, principal organización de las Naciones Unidas en el ámbito de la salud, se haya pronunciado al respecto.

Pero para seguir “justificando” este artículo y por no remontarme a 20 años atrás, sino a eventos actuales es imprescindible traer aquí a colación el Informe de la Relatora Especial de la ONU [i], Drubravka Simonovic, acerca del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica, del mes de Julio de este mismo año y que se hace eco de las dolorosas historias contadas por las mujeres en las comunicaciones que recibió y que han puesto de manifiesto el maltrato y la violencia que se da en estos servicios a nivel mundial. Por ejemplo, hace referencia a la inmovilización de las mujeres (qué es si no la obligatoriedad de permanecer acostadas dilatando o qué es si no el que te aten las manos para la cesárea). Y hace referencia expresa en su punto 24 a las situaciones que se dan en algunos países donde sus ordenamientos jurídicos hacen prevalecer el interés del feto sobre los de la mujer (lo que está pasando aquí con la judicialización de los partos) y cita textualmente la Relatora: «lo que da lugar a situaciones en las que, deliberadamente, no se consulta a las mujeres en lo referente a la decisión de parir o no al niño mediante cesárea». En el punto 25 hace mención a las episiotomías y su uso excesivo y su práctica sin obtener consentimiento. La dinámica del poder y el ABUSO de la doctrina de la necesidad médica en contraposición con la vulnerabilidad de la mujer que está pariendo produce un desequilibrio que lleva a la violación constante de derechos humanos que queda impune en la mayoría de las ocasiones

En la preparación de su Informe, la Relatora Especial de la ONU y la OMS organizaron una reunión con un grupo de expertos en Ginebra los días 25 y 26 de abril de este mismo año y se hizo un llamamiento a recibir aportaciones e información sobre las formas de maltrato, el consentimiento informado, los mecanismos de rendición de cuentas y ejemplos de respuestas nacionales a la violencia contra la mujer en el ámbito de la salud. Se recibieron más de 128 comunicaciones de Estados, ONG, instituciones independientes y miembros del mundo académico: todas constataban que A NIVEL MUNDIAL, SIN DISTINCIÓN DE EDAD, RAZA, POSICIÓN ECONÓMICA O SOCIAL O CUALQUIER OTRA VARIABILIDAD, LAS MUJERES Y NIÑAS EXPERIMENTAN, EN MUCHAS OCASIONES, MALTRATO DURANTE LA ATENCIÓN AL PARTO, MALTRATO MÁS QUE DOCUMENTADO POR LA OMS Y LA ONU A ESTAS ALTURAS DE 2019, y que no es objeto de debate o negación. De hecho, el primer paso para encontrar la solución es dejar de ocultar esta violencia, especialmente por cierto sector sanitario, con argumentos pseudomédicos y/o pseudocientíficos que a miradas no conocedoras de todos los detalles en cuanto a qué es un parto normal o qué derechos nos asisten como pacientes, pueden resultar creíbles y seguir haciendo crecer bulos y mentiras que a la vista está, no hacen más que causar violencia, maltrato y daños físicos y emocionales. Qué es un parto normal y qué derechos nos asisten como pacientes es un binomio que en este caso es irremediablemente inseparable. NO entendemos la dimensión del problema si no conocemos de ambas materias.  Por ello, me resultan muy atrevidas las opiniones de quienes no tienen un mínimo de conocimiento de ambas cuestiones por separado e interrelacionadas.

“Este maltrato y violencia es una forma continuada de las violaciones que se producen en el contexto más amplio de la desigualdad estructural, la discriminación y el patriarcado, y también son consecuencia de una falta de educación y formación y de la falta de respeto a la igual condición de la mujer y de sus derechos humanos”, cito literalmente dicho Informe de la Relatora Especial de la ONU.

Y ahora sí, espero que quien esté leyendo atentamente este artículo tenga clara ya la idea de que los partos, a nivel mundial, no son respetados, y por ende, las niñas y las mujeres son violentadas y maltratadas en entornos sanitarios en muchísimas ocasiones con mayor o menor gravedad. Y espero que a estas alturas, siga interesando leer para entender qué puede estar pasando entonces para que incluso, determinadas órdenes o autorizaciones judiciales puedan someter a una mujer a una intervención quirúrgica mayor (cesárea) o una inducción al parto (riesgo para la vida de la mujer o su salud) sin escuchar su opinión (sólo a los/as sanitarios/as) y alegando un (supuesto) interés supremo (el del feto) o un riesgo para la salud del mismo (inexistente en la mayoría de las ocasiones, pero fácilmente defendible ante quien no tiene conocimientos sobre qué sea un parto normal, como decía antes).

Quiero ir concretando el fin del artículo explicando que voy a ceñirme a la violación de derechos más evidente pero también más controvertida, desconocida, mediatizada y demonizada que a día de hoy están sufriendo las mujeres durante su parto: la falta de consentimiento realmente informado sobre las actuaciones e intervenciones en su cuerpo y los límites de la actuación médica.

Y para ello hay que partir de un concepto: PARTO NORMAL (no hablamos aquí de partos de riesgo para los que evidentemente se requieren de intervenciones médicas, gineco-obstétricas, anestésicas en muchas ocasiones o de cualquier otra índole). Si no vamos a la base del problema, si siempre nos quedamos en la superficialidad de lo que nos rodea y nos cuentan, nunca encontraremos una solución o al menos, una salida. Así que, ¿qué es un parto normal y en qué momento podemos hablar de complicación del mismo o de maltrato, discriminación y/o violencia obstétrica?. Y aquí quiero hacer una aclaración: hablo desde la evidencia científica, arrojando datos que federaciones, asociaciones y la propia comunidad sanitaria ha aportado al mundo de la ciencia. Si no somos capaces de comprender qué es un parto normal y cómo funciona mal vamos, y esta obligación de conocimiento alcanza a mujeres, sanitarios/as y jueces/as (o magistrados/as) que se vean en la situación de tener que tomar una decisión en un momento concreto sobre un parto ajeno. Así mismo, no solo es necesario conocer estos extremos, sino también una parte importante del Derecho Sanitario y de los Derechos de los Pacientes, y esto especialmente vincula a cierto sector de sanitarios/as y jueces/as que tienen el poder de decidir sobre nuestros cuerpos a fuerza de silenciar, infantilizar y chantajear a las mujeres gracias a la complicidad de cierta parte de la sociedad que sigue condenando a muchas niñas y mujeres a pasar calvarios a la hora de parir.

Según el concepto (dado por la que se conocía como FAME [ii]), parto normal “es el proceso fisiológico único con el que la mujer finaliza su gestación a término, en el que están implicados factores psicológicos y socioculturales. Su inicio es espontáneo, se desarrolla y termina sin complicaciones, culmina con el nacimiento y no implica más intervención que el apoyo integral y respetuoso del mismo”

Es decir, el mejor parto (cuando es normal) es aquel donde la asistencia sanitaria permite la participación activa de la mujer, respeta sus decisiones y deseos, ofrece información real explicando de forma entendible los riesgos versus beneficios de cualquier intervención o actuación que se deba llevar a cabo sobre su cuerpo (por ejemplo, por qué es mejor usar la oxitocina sintética a esperar a que el feto descienda solo y cuáles son los riesgo de uso). El mejor parto es aquel que respeta profusamente el PLAN DE PARTO que la mujer ha elaborado, que no es más que un consentimiento informado previo al parto acerca de qué sí y qué no acepta la mujer en los momentos previos al parto, durante el mismo y el postparto. El mejor parto es el que se acompaña, se sostiene, se apoya y se respeta en cuanto a sus tiempos y su transcurso natural. Los partos normales NO SE INTERVIENEN POR MÉDICOS, SINO QUE SE ATIENDEN Y APOYAN POR ACOMPAÑANTES Y MATRONAS. Y solo así desecharemos la idea de que todo parto conlleva un acto médico porque el cuerpo de la mujer es una máquina, defectuosa en principio, que no puede o sabe parir y que la medicina tiene que manipular o arreglar para llegar a buen puerto. Podemos ver la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud si sentimos curiosidad más acerca de todo esto que relato. Y hasta aquí esta primera parte de este artículo en el que he pretendido hacer ver que el problema de la violencia obstétrica existe, que la falta de consentimiento informado está ya condenada por la ONU y la OMS y que el concepto de parto normal y los derechos de los pacientes van íntimamente ligados en esta materia. En la segunda parte de mi artículo ahondaremos en la vertiente más legal de toda la problemática.

[i]. Véase https://saludmentalperinatal.es/wp-content/uploads/2019/09/A_74_137-ES.pdf

[ii] . Federación de Asociaciones de Matronas de España.

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