“(…)las personas con estos rasgos comparten una tendencia a ser insensibles, egoístas y malévolos en sus relaciones interpersonales” (Jones y Paulhus, 2009, p. 100).

 

Tradicionalmente se conoce a la triada oscura de la personalidad o ‘The Dark Triad’ como tres rasgos de la personalidad oscuros o malévolos. Estos rasgos son el narcisismo subclínico, la psicopatía subclínica y el maquiavelismo (Paulhus y Williams, 2002). En los últimos años se ha incorporado el sadismo como nuevo rasgo debido a las similitudes con los otros tres, conformando así la Tétrada Oscura de la Personalidad. Los investigadores evolucionistas han caracterizado a la tétrada oscura como rasgos de personalidad que tienden a la explotación y la depredación social (Brown, Hazraty y Palasinski, 2019). Algunos estudios plantean que los sujetos con estos rasgos tienen una estrategia de vida rápida, emparejamientos a corto plazo y conductas antisociales diversas, aunque existen discrepancias (González, 2015). Vamos a profundizar un poco más sobre cada uno de ellos.

Comparando los rasgos oscuros con otras clasificaciones de personalidad contrastadas como el modelo OCEAN de Los Cinco Grandes de Goldberg o el Modelo PEN de Eysenck, las personas con estos rasgos de personalidad se caracterizan por presentar conductas de violencia psicológica, inhibición moral, manipulación, baja amabilidad y escrupulosidad, frialdad emocional, egoísmo y dificultad para empatizar (Riquelme, Henríquez y Álvarez, 2003), además de presentar una duplicidad o doble cara según sus intereses (González, 2015). Sin embargo, pese a que todos los rasgos tienen conexiones entre sí, cada uno de ellos difiere en algo con respecto a los otros tres (Mokros, Osterheider, Hucker y Nitschke, 2011).

La psicopatía se caracteriza principalmente por la carencia de empatía y ansiedad (miedo, escrúpulos y remordimientos), frialdad interpersonal, alta impulsividad, bajo control de impulsos y la búsqueda de sensaciones. El sujeto psicópata presenta además una autoestima exacerbada que le dota de un encanto superficial (Paulhus y Williams, 2002). Debido a una incapacidad para percibir sus estados internos, posee un fuerte componente de auto engaño y distorsión con respecto a su personalidad, por lo que tiene una percepción de grandiosidad con respecto al resto de seres humanos. Sin embargo, no presenta delirios ni alucinaciones en cuanto a la realidad externa, es un rasgo de personalidad antagónico a la psicosis, de ahí que a nivel judicial sea un perfil perfectamente imputable por sus actos.

El psicópata presenta un interior emocionalmente vacío y tiene poco o ningún interés genuino por los demás (Goncalves y Campbell, 2014). La falta de insight o conciencia de los estados internos (alexitimia), la búsqueda de sensaciones y la ausencia de miedo, facilita que estos sujetos incurran en acciones temerarias. La impulsividad psicopática es de tipo disfuncional puesto que es consecuencia de su incapacidad de autorregulación. A diferencia de la impulsividad narcisista, que tiene más que ver con la osadía social, la cual les puede reportar amplios beneficios. El impulso del psicópata y la búsqueda de gratificación inmediata los lleva por tanto a llevar un estilo de vida parasitario y desestructurado. Viven a costa de los demás.

La persona con el rasgo del maquiavelismo, a diferencia del psicópata, tiene una percepción de la realidad intrapersonal más ajustada, no presentan una auto-mejora en la autoestima, teniendo un concepto de sí mismo más arraigado a la realidad. No presenta la impulsividad tan marcada propia del psicópata, de hecho, su conducta malévola se basa en la estrategia, la manipulación y el cinismo (Jones y Paulhus, 2009). Una frase que representa a este rasgo es la de “el fin justifica los medios”. Esto no quiere decir que un psicópata o narcisista no utilice a otras personas para satisfacer sus deseos, pero digamos que, para el maquiavélico este se convierte en su modus operandi como forma de progreso y de entender los logros. Cognitivamente el maquiavélico se esfuerza mucho más en la estrategia de engaño y manipulación que el psicópata o narcisista (Jonason, Lyons, Baughman y Vernon, 2014).

A diferencia del psicópata y el narcisista, el sujeto maquiavélico no presenta niveles de impulsividad tan altos, no asume riesgos para obtener beneficios, sino que calcula fríamente su plan de acción justificando cualquier tipo de provecho que pueda obtener de los demás. Su habilidad manipuladora reduce las probabilidades de que le descubran. De hecho, en el estudio de Jones y Weiser (2014) donde compararon la tríada oscura con la infidelidad en la pareja se comprobó que, aunque los tres rasgos se asociaran al engaño, el maquiavélico conseguía en mayor medida prosperar en la relación debido a su carácter estratégico y cauteloso. Digamos que este rasgo, en general, sufre menos las consecuencias sociales de rechazo asociadas a su estilo de vida malévolo (González, 2015).

El narcisismo subclínico en comparación con los otros cuatro, es probablemente el rasgo de la tétrada oscura que más se relaciona con comportamientos prosociales y adaptativos, de hecho, a diferencia del maquiavelismo y la psicopatía, correlaciona positivamente con la inteligencia emocional (Papageorgiou et al., 2019). El sujeto con este rasgo se caracteriza por poseer un sentido de grandiosidad y superioridad con respecto al resto de personas. Presenta una autoestima auto-mejorada y se cree con mayores derechos que los demás. Por ello, el sujeto narcisista tiende a la dominación, la explotación de los demás y a la demanda de atención. A los narcisistas les preocupa el éxito, el poder, la belleza y la brillantez. Tienen un autoenfoque y un sentido de la importancia personal engrandecido. Por todo ello, se creen merecedores de un trato especial. Sin embargo, pese a proyectar una imagen de éxito y seguridad, el narcisista vive también con una parte vulnerable que le hace hipersensible a las críticas (Morf y Rhodewalt, 2001).

En la literatura científica se diferencian dos tipos de narcisismo, el narcisismo grandioso (NG) y el narcisismo vulnerable (NV).  El NG se relacionaría con la creencia de merecer un trato especial asociada con su percepción de ser mejores que el resto (ya sea más inteligentes, atractivos, agradables, etc.) mientras que los individuos NV consideran que merecen ese trato especial debido a su fragilidad, imperando una actitud victimista. Existen diferencias etiológicas de base con respecto a estos dos tipos de narcisismo: el narcisismo vulnerable está relacionado con abusos en la infancia o estilos de apego traumáticos (abandono emocional o físico), por ello son más propensos a tener apegos adultos patológicos; mientras que los narcisistas grandiosos suelen tener apegos adultos seguros y no suelen tener una historia de abuso en la infancia (Miller, et al., 2010).

Las conductas egoístas y no prosociales en el narcisismo grandioso se producirían por razones instrumentales, es decir, intereses gananciales, adoptando para ello estrategias de dominación. Mientras que las personas con narcisismo vulnerable podrían comportarse de manera desconfiada y agresiva por un sesgo de hostilidad percibido y una desregulación afectiva debido a los esquemas interpersonales negativos asociados a las experiencias traumáticas (Rogosch y Cicchetti, 2004). Por tanto, el narcisismo grandioso se podría caracterizar por el exhibicionismo, la falta de humildad y modestia y el dominio interpersonal, mientras que el narcisismo vulnerable destacaría por el afecto negativo o desconfiado, el egoísmo y la necesidad de atención y reconocimiento (Vize, Lynam, Collison y Miller, 2018).

El narcisista vulnerable presentaría labilidad emocional mientras que el narcisista grandioso tendría mayor facilidad para gestionar el estrés, el NG tendría mayor flexibilidad de afrontamiento frente a situaciones adversas y un patrón de pensamiento positivo, mientras que los NV presentarían mayor dureza o inflexibilidad mental, menor satisfacción con la vida y peor salud mental en general (Miller et al., 2010; Ng, Cheung y Tam, 2014). De hecho, estos dos perfiles tienen una alta relación con otros trastornos de la personalidad. El perfil de NV es altamente consistente con el Trastorno límite de la personalidad o Borderline mientras que el NG está más relacionado con el Trastorno antisocial o el Trastorno histriónico. Además, estas dos formas de narcisismo difieren también en la conducta de recurrir a terapia psicológica o psiquiátrica. El narcisista grandioso se asocia negativamente al uso de tratamiento mientras que el narcisista vulnerable se asocia positivamente (Pincus et al., 2009).

Finalmente, el cuarto y último rasgo incluido en el lado oscuro de la personalidad o Dark Side corresponde al sadismo. El sujeto con este rasgo se caracteriza principalmente por obtener placer a través del dolor ajeno. El sádico busca la dominación psicológica y física, la intimidación, el control, el castigo y la humillación, disfrutando con el sufrimiento que eso produce en los demás (Buckels, Jones y Paulhus, 2013; O’Meara, Davies y Hammond, 2011), por ello tiene predisposición a involucrarse en conductas crueles que degradan a otras personas (Myers, Burket y Husted, 2006; O’Meara et al., 2011). En comparación con los otros tres rasgos de la tétrada oscura, el sádico presenta también una baja empatía y una inhibición moral, sin embargo, no se involucra en actos violentos para obtener una ganancia instrumental o defenderse, sino que la motivación principal es el disfrute asociado a la agresión (Buckels et al., 2013; Plouffe, Smith y Saklofske, 2018).

Estudios como el de Reidy et al (2011) o Chabrol et al (2009) demostraron que el rasgo de sadismo separado de los otros rasgos de la tétrada oscura predecía una agresión no provocada en contexto de laboratorio. Asimismo, se observó dicho rasgo en estudiantes de secundaria en relación directa con conductas de acosos y ciberacoso. Otros dos estudios predijeron significativamente como la conducta sádica se dirigía a subyugar y lastimar a otras criaturas vivientes, no solo humanos, y esto podía explicarse independientemente de la variación del resto de rasgos de la tétrada (Buckels et al., 2013).

Existen opiniones e hipótesis diversas en lo relativo a la función adaptativa de estos rasgos para la especie. Pero eso daría para un segundo artículo. Así que, puesto que el mundo de las diferencias individuales y en concreto de la tétrada oscura es amplio, complejo y extenso. Te animo a que, si tienes interés, no dejes de consultar literatura científica sobre el tema.

Explore the Dark Side!

 

Bibliografía:

Brown, W. M., Hazraty, S. y Palasinski, M. (2019). Examining the dark tetrad and its links to cyberbullying. Cyberpsychology, behaviour, and social networking, 22(8), 552-557.

Buckels, E. E., Jones, D. N. y Paulhus, D. L. (2013). Behavioral confirmation of everyday sadism. Psychological science, 24(11), 2201–2209.

Chabrol, H., Van Leeuwen, N., Rodgers, R. y Séjourné, N. (2009). Contributions of psychopathic, narcissistic, machiavellian, and sadistic personality traits to juvenile delinquency. Personality and individual differences, 47(7), 734–739.

Goncalves, M. K. y Campbell, L. (2014). The dark triad and the derogation of mating competitors. Personality and individual differences, 67, 42-46.

González, F. R. (2015). La tríada oscura de la personalidad: maquiavelismo, narcisismo y psicopatía. Una mirada evolutiva. Revista criminalidad, 57(2), 253-265.

Jonason, P. K., Lyons, M., Baughman, H. M. y Vernon, T. (2014). What a tangled web we weave: the dark triad traits and deception. Personality and individual differences, 70, 117-119.

Jones, D. N. y Paulhus, D. L. (2009). Machiavellianism. En Leary, M. R. y Hoyle, R. H. (eds.), Handbook of individual differences in social behavior (pp. 93-108). New York, NY: Guilford Press.

Jones, D. N. y Weiser, D. A. (2014). Differential infidelity patterns among the dark triad. Personality and individual differences, 57, 20-24.

Mokros, A., Osterheider, M., Hucker, S. J. y Nitschke, J. (2011). Psychopathy and sexual sadism. Law and human behavior, 35(3), 188-199.

Miller, J. D., A., Gentile, B., Wilson, L., Pryor, L. R. y Campbell, W. K. (2010). Searching for a vulnerable dark triad: comparing factor 2 psychopathy, vulnerable narcissism, and borderline personality disorder. Journal of personality, 78 (5), 1529-1564.

Morf, C. C. y Rhodewalt, F. (2001). Expanding the dynamic self-regulatory processing model of narcissism: Research directions for the future. Psychological inquiry, 12(4), 243-251.

Myers, W. C., Burket, R. C. y Husted, D. S. (2006). Sadistic personality disorder and comorbid mental illness in adolescent psychiatric inpatients. Journal of the american academy of psychiatry and the law, 34(1), 61-71.

Ng, H. K. S., Cheung, R. Y.H. y Tam, K.P. (2014). Unraveling the link between narcissism and psychological health: new evidence from coping flexibility. Personality and individual differences, 70, 7-10.

O’Meara, A., Davies, J. y Hammond, S. (2011). The psychometric properties and utility of the Short Sadistic Impulse Scale (SSIS). Psychological assessment, 23(2), 523-531.

Papageorgiou, K. A., Gianniou, F. M., Wilson, P., Moneta, G. B., Bilello, D. y Clough, P. J. (2019). The bright side of dark: exploring the positive effect of narcissism on perceived stress through mental toughness. Personality and individual differences, 139, 116-124.

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Pincus, A. L., Ansell, E. B., Pimentel, C. A., Cain, N. M., Wright, A. y Levy, K. N. (2009). Initial construction and validation of the Pathological Narcissism Inventory. Psychological Assessment, 21, 365-379.

Plouffe, R.A., Smith, M.M. y Saklofske, D.H. (2019). A psychometric investigation of the assessment of sadistic personality. Personality and individual Differences, 140(1), 57-60.

Reidy, D. E., Shelley-Tremblay, J. F. y Lilienfeld, S. O. (2011). Psychopathy, reactive aggression, and precarious proclamations: A review of behavioral, cognitive, and biological research. Aggression and Violence Behavior, 16, 512-524.

Riquelme, E., Henríquez, C. y Álvarez, B. (2003). Relación entre estilos de apego y teoría de la mente. Psykhe,12(1), 73-81.

Rogosch, F. A. y Cicchetti, D. (2004). Child maltreatment and emergent personality organization: perspectives from the five-factor model. Journal of abnormal child psychology, 32(2), 123-145.

Vize, C. Lynam, D. Collison, K. y Miller, J. (2018). Differences among dark triad components: a meta-analytic investigation. Personality disorders: theory, research, and treatment, 9(2), 101-111.

2 Comentarios

  1. Fantástico artículo. La verdad que lo que más me ha llamado la atención es el rasgo maquiavelismo. Me parece muy interesante profundizar en su estudio, es como si fuera una evolución, visceral y calculadora de un psicópata primario. Me parece la figura más atractiva para desarrollar. El sádico aunque más novedoso, si se ajusta a un perfil más conocido. Muchas gracias. Me ha gustado mucho el artículo. Bucearé un poco en la bibliografía. Un saludo.

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