Coronavirus, COVID-19, el bichito, el p*** virus… son los diferentes nombres que ya a estas alturas todos y cada uno de los habitantes en el mundo hemos oído para referirnos a la pandemia que estamos sufriendo mundialmente.

Según las últimas noticias mientras escribía este post, son más de 160.000 los casos de infectados por este virus existente en todo el mundo, abarcando más de 150 países. En España en concreto, los infectados ascienden a casi 10.000, sin mencionar los casos de fallecimientos que, por desgracia, también van en aumento. Lo peor de todo es que para cuando estés leyendo este artículo, es muy posible que las cifras sean aún mayores.

Con toda esta información, la cual podemos acceder a ella a través de cualquier medio de comunicación, es normal que la población (y nosotros dentro ella, seamos honestos) haya paniqueado, agotando el alcohol en farmacias, los alimentos básicos en los diferentes supermercados, así como el papel higiénico (todavía estoy intentando encontrarle la lógica a esto último).

Como consecuencia del exponencial aumento de casos, el Gobierno ha decretado el “estado de alarma” en el que, una de las principales cosas que se nos piden es QUEDARNOS EN CASA, previniendo de alguna forma el aumento de contagios y el avance de la enfermedad (junto con otras medidas). Sin embargo, para una sociedad en la que vivimos constantemente en movimiento, donde nunca tenemos tiempo de nada, donde queremos que la comida, los informes, los éxitos, los resultados…sean para ya (o incluso para ayer si se pudiera), hacen que este tiempo de aislamiento nos pueda resultar abrumador en muchos aspectos (no se nos permite tener vida social más allá de la que nos permiten las tecnologías, cierran todos los lugares de ocio…). Pasar encerrado en casa 24h puede avivarnos nuevas sensaciones extrañas para muchos. Es por lo que, a pesar de ser éste un blog de ciencias forenses, a mi me gustaría poder aportar algunos consejos en cuanto a estas “sensaciones raras” que nos pueden estar aconteciendo estos días y que no son debidas al coronavirus.

  • En cuanto a la enfermedad:

La situación que, bajo mi punto de vista, se ha dado es la siguiente: hemos pasado en cuestión de días de tener una vida “normal”, trabajando, desplazándonos, llevando a nuestros hijos a sus respectivos colegios y actividades, asistiendo a reuniones y demás citas…. a no poder realizar absolutamente ninguna de estas actividades y todo esto sin periodo de transición. Esto supone que, muchas personas, hayan experimentado diferentes sensaciones como:

  • Miedo: ante la situación actual y a la sensación de descontrol.
  • Estrés: ante el desconcierto, la incertidumbre, ya que muchas de las noticias y de las medidas que se toman van saliendo al minuto y no se sabe qué ocurrirá mañana.
  • Sensaciones psicosomáticas: debido al aumento de infectados.
  • Culpa: por no saber si estás o no infectado y, por consiguiente, no saber si has podido contagiarlo

Todas estas sensaciones tienen un denominador común, la ANSIEDAD. Y para desmitificar ésta voy a hacer una aclaración que suele ser de ayuda: existen dos tipos de ansiedad, una ansiedad normal, no patológica y que nos ayuda a mantener unas pautas, en este caso, de higiene más habituales, así como a utilizar unas medidas preventivas para cuando tengamos que salir a la calle o comunicarnos con otra persona; y una ansiedad patológica, que hace que nuestra cabeza no pare de tener pensamientos negativos que no ayudan, que nos producen un miedo elevado, estrés que llega a afectar a nuestro sistema inmune e incluso nos hace sentir sensaciones físicas similares a las de la enfermedad, aún sin tenerla, por el simple hecho de focalizar todo el tiempo nuestra atención hacia el padecer o no estos síntomas.

Es normal, incluso sano, el estar sintiendo miedo en estos momentos de crisis. Esta ansiedad de tipo normal nos ayuda a prevenir y a poner medidas, es algo natural de nuestra especie y gracias a ella hemos podido sobrevivir a muchas otras adversidades. Debemos evitar que se convierta en una ansiedad patológica, la cual sería un problema añadido a la situación. No te machaques con dudas o preguntas de las cuales nadie tiene la respuesta, todos vamos aprendiendo a medida que todo esto avanza.

Recuerda que la ansiedad no la provoca el virus ni la situación actual de crisis que estamos viviendo. La ansiedad la producen tus pensamientos, así que depende ti el cómo quieras sentirte a partir de ahora.

  • En cuanto al aislamiento domiciliario:

Es posible que la falta de costumbre a pasar más de 24h en casa nos pase factura y aunque estemos acompañados de nuestros familiares, tengamos sensaciones de aburrimiento extremo, cambios de humor, dificultad para concentrarnos, sensación de soledad, cambios en la rutina del sueño, enfado por la situación que todo esto te está provocando o preocupación por el simple de hecho de salir un momento a hacer la compra.

Todo este batiburrillo de emociones se debe al hecho de que todo esto nos tiene desorientados, forzándonos a salir de nuestras rutinas donde nos sentíamos seguros sabiendo qué teníamos que hacer en cada momento del día y con una sensación de control porque sabíamos lo que venía mañana, pasado, incluso el mes que viene. Ahora mismo todo esto se ha visto modificado y esta sensación de descontrol unida a una “dejadez” que podemos ejercer sobre nosotros mismos avivan este tipo de emociones dispares y diversas, y que nos dejan descolocados ante todo lo que está ocurriendo.

Para evitar esto es imprescindible que sigamos una serie de pautas (éstas son muy generales):

  • A pesar de quedarte todo el día en casa, dúchate y vístete cuando te levantes, ello te ayudará a sentir la situación más normalizada (y así no vais con “esas pintas”, como te diría una madre, mientras paseas por el salón 😉 )
  • Intenta crear una lista con actividades para hacer durante el día o durante la semana: tareas, horarios para la familia, etc. que os ayuden a crear lo más parecido a una rutina.
  • Que en ella participen todos los miembros de la unidad familiar que pasan esta “cuarentena” juntos.
  • Que haya espacios de intimidad, pero también momentos donde se comparta el tiempo con la familia.
  • Que en vuestras rutinas diarias existan momentos en los que se practique alguna actividad física, que ayude a ejercitarse y desconectar.

En general y por todo lo explicado, si tienes sensaciones negativas estos días, en lugar de dejarte llevar por ellas te invito a que hagas algo diferente: para un segundo, intenta escribir ese pensamiento y las sensaciones que te provocan en un papel (intenta ser lo más específico posible) e intenta descifrar por qué te sientes como te sientes, qué es lo que te preocupa y por qué y cuán lógico es ese pensamiento (a veces pensamos cosas que no son lógicas o racionales y lo sabemos pero a pesar de ello nos producen estrés de igual manera) y qué puedes hacer para solucionarlo. Toma medidas: busca algún hobby que te distraiga, lee, ponte alguna meta para el día o para la semana, practica algún deporte que puedas hacer en casa o relajación / mindfullness… y si a pesar de todo consideras que necesitas una ayuda mayor, no dudes en contactar con un/a profesional de la psicología que pueda guiarte y ayudarte de la mejor forma que sabemos.

 

ENLACE DE INTERÉS

  • todosaldrabien.org – web con diferentes iniciativas para ayudar a las personas confinadas por el coronavirus. Existen múltiples iniciativas diferentes que nos pueden ayudar a cualquiera de nosotros, así como tú puedes ofrecer tu ayuda.
  • psicoforenses.com – mi web personal donde podéis escribirme ante cualquier duda o pregunta. Email de contacto: info@psicoforenses.com

 

 

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