La existencia de la Ley Integral contra la Violencia de Género debería verse como la apertura de un camino para encontrar una ley específica en la que también se vean protegidos los colectivos a los que no contempla (hombres maltratados por mujeres y víctimas en parejas homosexuales) y no como una ofensa o discriminación hacia ellos. Las luchas y descalificaciones contra esta Ley promueven que se olvide el motivo por el que existe y es que en España, el año 2016 se ha cerrado con 44 víctimas mortales de la violencia de género.

En esta entrada del blog trataremos de desarticular algunos argumentos utilizados contra la violencia de género para probar la necesidad de una Ley que proteja a las mujeres, no sin antes definir y aclarar algunos conceptos básicos:

Violencia: uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como una amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (OMS, 2002). Género: término que se refiere a los conceptos sociales de las funciones, valores, comportamientos, actividades, atributos y roles que la sociedad asigna a hombres y mujeres (OMS). Es, entonces, resultado de un proceso de construcción social. La ley de Violencia de Género no surge de una diferencia de sexos, sino de una discriminación que tiene su origen en una estructura social patriarcal (Maqueda, 2005).

Violencia de género: se trata de la violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, ya que existe una subordinación de la mujer en comparación con el hombre debido a las relaciones de poder entre mujer y hombre históricamente desiguales (United Nations, 1993).
A efectos prácticos utilizaremos mujer heterosexual para referirnos a mujer involucrada en relación afectiva con hombre, hombre heterosexual para hombre en relación afectiva con mujer, y homosexual para parejas del mismo sexo, aunque consideremos que tanto la orientación sexual como el género son continuos.

Mito 1: La ley de violencia de género es discriminatoria

La doctrina del Tribunal Constitucional respecto a la “discriminación positiva” es clara: «la finalidad de promover la igualdad del individuo y los grupos en que se integra […] exige una política legislativa que no puede reducirse a la igualdad ante la ley» (STS 27/81, de 25 de junio), y, por tanto, deben implantarse políticas que favorezcan las «condiciones para que la igualdad sea real y efectiva» (STC 34/81, de 10 de noviembre).

La prohibición de la discriminación en todas sus formas del artículo 14 de la Constitución es más bien una tutela adicional para cubrir las carencias del principio de igualdad. Por tanto, la prevención de la discriminación está dirigida «a tutelar de modo exclusivo a los miembros de los colectivos discriminados» – mujeres, LGTB y/o minorías raciales– «y no a quienes conforman la identidad del grupo dominante» –hombres, heterosexuales y/o mayorías raciales– (Laurenzo, 2005).

El año 2014, la mujer fue asesinada por parte de su pareja hombre casi 7 veces más que el hombre por su pareja mujer (54 mujeres muertas frente a 8 hombres) (CGPJ, 2014). La ley de Violencia de Género alude a las mujeres heterosexuales porque la protección se hace necesaria hacia este colectivo, tal y como podemos observar en los datos continuamente. Existe una discriminación estructural de la mujer que es necesario contrarrestar, para erradicarla, con acciones positivas.

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No obviemos, sin embargo, la necesidad de tener una protección específica en los casos de violencia en el seno de la pareja homosexual o de la pareja heterosexual de la mujer hacia el hombre, teniendo en cuenta lo siguiente: ante un mismo problema (los asesinatos en el seno de la pareja), con diferentes actores (pareja hombre-mujer, pareja mujer-hombre y parejas homosexuales), deben aplicarse leyes específicas que protejan cada caso en base a sus orígenes y a sus fatídicos resultados. Del mismo modo ocurre en los casos de homicidios, asesinatos o de terrorismo: el problema es el mismo (asesinatos), pero los actores (homicida, asesino o terrorista) y los orígenes y resultados son diferentes, y por ello se aplican normativas específicas.

Mito 2: Las mujeres utilizan a los niños para chantajear a los hombres en casos de divorcios. El Síndrome de Alienación Parental.

Es común escuchar que la ley de Violencia de Género es utilizada por las mujeres para tener ventaja en los casos de divorcio, y aprovecharla para poner a los hijos en contra del padre. Este fenómeno es conocido como Síndrome de Alienación Parental (SAP), un término acuñado por Gardner en 1985. Pero la ciencia tiene algo que decir al respecto.

La Asociación Española de Neuropsiquiatría declaró el SAP como infundado, considerándolo «un grave intento de medicalizar lo que es una lucha de poder por la custodia de un hijo», sin «ningún fundamento científico» y que «entraña graves riesgos en su aplicación en la corte judicial» (Asociación Española de Neuropsiquiatría, 2010). Son muchos los estudios que critican desde hace unos años el uso del SAP en base a investigaciones (Barea & Vaccaro, 2009; Escudero, 2008; Escudero, Aguilar & De la Cruz, 2008; Escudero et al., 2010), mientras que aquellos que lo defienden se fundamentan en experiencias profesionales sin realizar un estudio empírico y contrastado (Espino, 2010). Mencionar el SAP en un litigio judicial es una estrategia utilizada para centrar la atención en la alienación paterna, convirtiendo así en víctima al victimario en casos en que los hijos de la pareja también sean víctimas de la violencia de género (Barea & Vaccaro, 2009).

Mito 3: Inefectividad de la Ley puesto que sigue habiendo víctimas mortales de la Violencia de Género.

Los asesinatos a manos de sus parejas o ex parejas son sólo la punta del iceberg. Osborne (2008) pone de ejemplo las cifras del año 2006: las asesinadas registradas por el Instituto de la Mujer, ascenderían a 68 mujeres; si se tienen en cuenta las mujeres asesinadas por padres, hijos u otros familiares, sumarían 18 más; y si a estas últimas se añaden las provocadas por agresión sexual, tráfico de mujeres y prostitución, serían 93 mujeres asesinadas en un año.

Aun así, desde la implementación de la Ley, según las estadísticas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (MSSSI), en 2016 se han producido 32 asesinatos menos que en 2008 (cifra más alta registrada desde la existencia de la Ley) con 76 asesinadas; y 16 menos que en 2015, con 60 asesinadas, lo que supone una disminución considerable en cuanto a víctimas mortales.

Gráfico 1. Víctimas mortales por violencia de género del año 2006 al 2016

A la luz de estos datos, hay que destacar que la Ley habla de prevención y sensibilización en ámbitos educativos, sanitarios y de medios de comunicación y publicidad. Estos factores son esenciales para la reducción a cero de los casos de violencia de género, sin embargo serán necesarios más de los apenas 12 años de vida que tiene la Ley. La erradicación de una cultura patriarcal en la sociedad no puede llevarse a cabo sin la participación de la misma, de ahí la importancia de mantenernos unidos contra la violencia de género o, al menos, de no echar tierra sobre una Ley que protege a la mujer. Prevenir y sensibilizar en el día a día es tan necesario como dar una adecuada respuesta judicial y psicosocial a los casos de violencia de género que se producen.

Mito 4: Cualquier asesinato de una mujer es considerado inmediatamente violencia machista.

La violencia de género no se reduce únicamente a aquella que se da en el seno de la pareja, sino que se da en múltiples escenarios: en la familia (mutilación genital femenina, matrimonios forzados y precoces, asesinatos por honor, abuso sexual en la familia), en la comunidad (violación, abuso sexual, acoso sexual, acoso laboral, trata con fines de explotación sexual, violencia sexual asociada a conflictos) y por parte del Estado (violencia institucional) (United Nations, 1993).

La ONU, en su Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de 1993, define ésta en su artículo 1 como «todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, incluidas las amenazas de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada» (Osborne, 2008).

La clave para determinar si uno de estos actos contra una mujer se trata de violencia de género o no, está en discernir si éste se basa en la pertenencia al sexo femenino – en el hecho de ser mujer –, por lo que debe ser investigado y juzgado en cada caso particular. No se debe generalizar en ninguna de las dos direcciones, por lo que este mito carece de sentido en tanto que generaliza en una de ellas.

Mito 5: Viola la presunción de inocencia.

El principio de presunción de inocencia es un derecho fundamental que tiene una naturaleza procesal. Es decir, se trata de un derecho que opera en el ámbito penal y tiene como finalidad última evitar una condena que no se fundamente en las pruebas practicadas durante el proceso, legítimamente obtenidas y con las garantías legalmente exigidas (Villacampa, 2007). Por tanto, el planteamiento o el diseño del tipo delictivo (en este caso, la ley de Violencia de Género) no puede entenderse como una contradicción del principio de presunción de inocencia, porque éste actúa en un contexto procesal.

Mito 6: No existen datos sobre los hombres asesinados a manos de su pareja o expareja (mujer)

Es común leer que no existen datos estadísticos sobre los hombres heterosexuales asesinados a manos de su pareja o expareja (mujer), sin embargo el CGPJ elabora informes anuales desde el año 2001 respecto a las víctimas mortales en el ámbito doméstico. A partir del año 2004 diferencian los asesinatos de hombres cometidos por las parejas o exparejas, aunque sin especificar si son mujeres u hombres. En 2007 desglosan los datos concretando cuántos hombres son asesinados por su pareja o expareja mujer. En el Gráfico 2 pueden observarse los hombres asesinados a manos de su pareja o expareja mujer así como las mujeres asesinadas a manos de su pareja o expareja hombre.

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