La perfilación geográfica es una técnica de investigación criminal que complementa o auxilia la investigación policial, debiendo por tanto tomarla en consideración junto con el resto de herramientas disponibles.

Según Garrido (2006):

“El perfil geográfico es la aplicación de técnicas de análisis de la actividad espacial o geográficas de los delincuentes a la investigación criminal que pretende dar respuesta a dónde actúa el criminal, conocer cómo se desplaza, cuáles son sus movimientos y zona de acción, y así poder aportar a esa investigación la localización geográfica de su residencia y ofrecer hipótesis sobre futuras zonas de acción”.

La finalidad última de dicha técnica es conocer las estrategias de desplazamiento del autor, analizar la facilidad que tiene de superar posibles obstáculos que puedan surgir y delimitar un área donde pueda estar su punto de anclaje, es decir, su residencia o trabajo.

Para ello, es fundamental lo que se conoce como “mapa mental”. Se trata de un mapa cognitivo, individual y personal para cada sujeto, mediante el cual se comprende el entorno. Este aspecto está estrechamente relacionado con la experiencia que tenga el autor de la zona y por ende, influye en los desplazamientos que efectúa, los medios de transporte que emplea o las barreras que supera para lograr con éxito la comisión del delito.

Para la correcta elaboración del perfil geográfico, es fundamental en primer lugar, recopilar todos los datos relativos al caso. Es interesante analizar hechos cometidos con anterioridad en esa misma zona para descartar o confirmar que el mismo sujeto haya actuado en otras ocasiones. Para ello, es imprescindible mantener una actitud crítica y analítica, observando posibles similitudes o aspectos comunes, con el fin de clarificar que hayan sido cometidos por el mismo sudes. Debemos ser prudentes en este punto para evitar incurrir en error y atribuir crímenes a un autor equivocado.

En segundo lugar, se han de analizar aspectos tales como: por qué se ha elegido ese lugar concreto, posibles características del lugar que le hagan atractivo para la comisión de un delito, características de la ruta seguida (tanto para llegar como para escapar), características propias de la escena (no es lo mismo que se trate de una escena primaria, es decir, aquel lugar donde hay un mayor contacto entre la víctima y el agresor y por tanto donde es más probable que se encuentre un mayor número de evidencias tanto forenses como criminales y psicológicas; que una escena de abandono del cuerpo, donde la interacción es mucho menor). Además, es interesante analizar la significación que puede tener el lugar de abandono de la víctima para el autor, pues puede aportar datos muy reveladores.

Como bien se ha explicado anteriormente, el perfil geográfico es una herramienta que complementa otras estrategias o técnicas de investigación. Por tanto, el análisis conjunto del perfil geográfico, victimológico y criminal, las pruebas forenses, declaraciones de testigos, etcétera, sustentarán la base de la investigación cuyo objetivo es el esclarecimiento de los hechos y la detención del delincuente.

Existen varios perfiladores geográficos a destacar por sus grandes aportaciones.

La mayor aportación de David Canter fue la Teoría del Círculo, según la cual la mayor parte de los criminales viven en un área que puede ser definida por un círculo cuyo diámetro queda establecido por los dos lugares más alejados en los que ha actuado. En el centro del mismo se encuentra su domicilio o lugar especial para él, y se desplaza de manera radial para cometer sus crímenes.

Fuente: https://blogs.ucjc.edu/hipotesis-del-circulo-de-canter/
Fuente: https://blogs.ucjc.edu/hipotesis-del-circulo-de-canter/

Por otro lado, Kim Rossmo se centró en las rutas seguidas por los criminales para llevar a cabo los delitos. Este autor afirma que el criminal amplía su zona de acción a medida que va ganando confianza. Una de sus máximas se conoce como “decaimiento con la distancia”, principio según el cual los delitos disminuyen según el sujeto aumenta sus desplazamientos.

Por tanto, se suele encontrar una tendencia a la comisión de delitos en lugares cercanos a su domicilio, donde además su “mapa mental” está más definido, aportándoles cierta seguridad emocional.

Por último, Maurice Godwin introdujo lo que se conoce como “viaje al crimen”, según el cual el lugar elegido por el criminal para llevar a cabo los actos puede mostrar su experiencia, y dicha elección es el resultado de la compleja interacción entre diferentes factores, como pueden ser los riesgos que existan, las recompensas esperadas, las oportunidades aparecidas, el tipo de víctima, los conocimientos y experiencias previas del agresor, etcétera.

A diferencia de Canter, que establecía el área en forma de círculo, Godwin lo establece en forma de cuña, existiendo un 80% de probabilidades de que el sudes viva o trabaje en la zona delimitada por ella.

Con el progreso de los Sistemas de Información Geográfica (SIG), esta técnica ha experimentado un gran auge, dinamización y evolución. La información que se tiene sobre cada caso se introduce en el sistema que se quiera emplear en forma de datos, y mediante operaciones matemáticas y algoritmos se puede llegar a predecir el lugar de residencia o trabajo, así como posibles futuras zonas de actuación.

Encontramos diferentes programas como Rigel (Kim Rossmo), Crimestat (Ned Levine), Dragnet (David Canter), o Predator (Maurice Godwin), entre otros.

Esta herramienta ha sido empleada en casos como el de Joaquín Ferrandiz, más conocido como “El asesino de Castellón” (perfil elaborado por Vicente Garrido Genovés), en el caso de Dennis Rader, más conocido como “El asesino BTK”, por las siglas Bind, Torture and Kill (‘Atar, torturar y matar’ en español), o en el caso del “Asesino del Zodiaco de San Francisco”, entre otros.

El término asesino en serie fue acuñado por el agente del FBI Robert Ressler en los años setenta. Este tipo de sujetos acaba con la vida de dos o más víctimas, de manera sucesiva y con periodos de enfriamiento entre ellas, es decir, espacios de tiempo en los cuales el asesino no materializa ningún crimen, aunque sí puede estar planeándolo. Dichos periodos pueden ser más o menos largos dependiendo del caso concreto.

En la línea de la perfilación geográfica, Kim Rossmo estableció una tipología de asesinos en serie basada en criterios de movilidad y fundamentada en la combinación de dos elementos que definen el proceso de “caza” del asesino serial. Por un lado, la búsqueda de la víctima adecuada, y por otro lado, la elección de un buen método de ataque.

De ello surgieron cuatro tipos: asesinos en serie cazadores, asesinos en serie tramperos, asesinos en serie merodeadores y asesinos en serie pescadores.

La existencia de varias víctimas de un mismo autor facilita en parte la elaboración de los diferentes perfiles (geográfico, criminal y victimológico), ya que se cuenta con un mayor número de datos a partir de los cuales realizar inferencias con el propósito de poder elaborar hipótesis en las que basar la investigación y la búsqueda. Los métodos de perfilación funcionan mejor cuando se trabaja con patrones, los cuales suelen ser más evidentes y claros cuanto mayor es el número de sucesos acaecidos.

Por tanto, según todo lo anteriormente expuesto, el perfil geográfico se encamina a averiguar el lugar donde puede residir el sujeto, las zonas de actuación que tiene, las rutas que sigue, etcétera. Estos datos, en consideración junto con el resto de pruebas y herramientas disponibles, comprendidas de manera holística, pretenden la identificación y detención del criminal.

Esta técnica suele emplearse en casos de asesinos seriales, pero se puede utilizar para otras tipologías delictivas, como agresiones sexuales, secuestros, robos en domicilios o incendios provocados, entre otros.

Los criminólogos tenemos un papel fundamental en la elaboración de dichos perfiles, pues contamos con la formación necesaria para su realización, de manera objetiva y fiable. Contamos con los conocimientos necesarios para elaborar hipótesis basadas en la interpretación de datos de manera holística. Por ello, es primordial la cooperación con el resto de profesionales implicados o relacionados con la delincuencia, con el objetivo de conseguir una meta común satisfactoria.

 

> Bibliografía:

Canter, D. (1994). Criminal Shadows: Inside the Mind of the Serial Killer. Editorial Harper Collins. Londres. 1994.

Garrido, V., López, P. (2006): El rastro del asesino. El perfil psicológico de los criminales en la investigación policial. Ariel: Barcelona.

Godwin, M y Rosen, F.S. (2006). El Rastreador: El Perfil Psicogeográfico en la Investigación de Crímenes en Serie. Editorial Alba, Barcelona. 2006.

Jiménez Serrano, J. (2014). Asesinos en serie: definición, tipologías y estudios sobre esta temática. Gac. int. cienc. forense ISSN 2174-9019. Nº 10. Enero-Marzo, 2014.

Rossmo, D.K. (2000). Geographic profiling. Editorial CRC Press, 2000.

Vozmediano, L y San Juan, C. (2006). Empleo de Sistemas de Información Geográfica en el estudio del miedo al delito. Revista española de Investigación Criminológica, artículo 2, nº 4. 2006.

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