Los males de la prisión

Las prisiones mexicanas, estatales y federales se encuentran en situación crítica desde hace décadas, sin embargo, se debe entender que la prisión misma representa un negocio bilateral, tanto para involucrados en las labores dentro del sistema penitenciario, así como para los privados y privadas de la libertad, aunque en este punto es necesario hacer una aclaración pertinente, la situación que vive la población femenina es por muchos factores distinta a la de los hombres, por lo que este escrito se centrará en la población varonil.

Entonces no es un secreto que dentro de las cárceles de México, o entras adicto o te haces adicto (claro, existen sus excepciones), la venta de drogas y alcohol es una de las principales actividades lucrativas dentro de los centros penitenciarios de México, esta situación pone de manifiesto, además de la corrupción del sistema, la poca importancia que el estado pone a sus cárceles, se evidencia además, la discriminación y la falta de seriedad en el tema, la población penitenciaria debería ser tema prioritario, puesto que en el futuro muchos de los que se encuentran privados de la libertad, compurgarán su sentencia u obtendrán algún beneficio que anticipe su salida, y es en este tenor que surge la pregunta obligada: ¿Cuántos de estos liberados realmente han logrado dar un giro a su vida, a sus pensamientos disruptivos, cuántos realmente están listos para vivir apegados a las normas que impone la sociedad sin reincidir en la conducta antisocial?

Es difícil responder una pregunta con tantos matices, pues existen varios factores que impiden el adecuado desarrollo de una persona privada de la libertad, entre ellos, el hacinamiento, el fácil acceso a drogas y alcohol, la falta de redes de apoyo, ineficiencia de un verdadero programa de actividades direccionado a la resocialización, aunado a la estigmatización y falta de oportunidades laborales una vez que se encuentran en libertad; porque la realidad, es que si el tratamiento dentro de prisión resulta obsoleto, el post penitenciario es inexistente.

El artículo 18 constitucional expresa:

El sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley. Las mujeres compurgarán sus penas en lugares separados de los destinados a los hombres para tal efecto. (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos)

Pero la situación de las cárceles en México dista mucho de lo que el marco de la ley ordena. La violación de los derechos humanos es una constante desde que se puede vislumbrar las condiciones insalubres y de hacinamiento en las que se encuentran una gran mayoría de centros penitenciarios, no existen suficientes fuentes de empleo para toda la población interna, aunado al hecho de que la adhesión a la instrucción académica intramuros es voluntaria, y si el PPL (persona privada de la libertad) prefiere quedarse sin hacer nada, pues lo hace, y es bajo esta premisa que el equipo de especialistas debe intervenir con el objetivo de motivar el cambio, tarea que por cierto resulta difícil en el contexto en el cual se encuentra el sistema en general.

“Es muy bien sabido que a todos los reos se les exige diariamente como mínimo una cuota de $5 misma que tienen que entregar a los custodios so pena de ser maltratados físicamente. Esta cuota llamada Lista aplica en todos los penales de la Ciudad de México y del país.” (Rojano , 2019)

Fuente: Obtenida de Diario Noticias Web

 El Tratamiento Penitenciario

Son pocos los criminólogos que han logrado llevar a cabo programas diseñados por ellos mismos en miras de la resocialización, porque se debe ser honesto hablando de estos temas, los “jefes” les dan un peso enorme al ámbito de la salud mental (el estudio de personalidad del sujeto es que lo piden)  y el mantenerlos “ocupados” (para que no hagan dagas)  pero las terapias psicológicas y el trabajo mal pagado solo fungen como un paliativo para el día a día; todos son infractores bajo el ojo de la ley, pero ni todos son malos, ni todos son delincuentes criminológicamente hablando, y criminológicamente hablando se pueden hacer una y mil cosas en pro del tratamiento penitenciario, porque la tarea del criminólogo clínico es conocer a fondo las causas y factores que propiciaron el delito, pero si no se sabe diagnosticar, no se sabe clasificar y mucho menos “tratar”. Desde ahí está mal la situación.

Hace algunos años escuche la entrevista que le realizaron a un maestro de teatro dentro de una prisión, y el profesor contó una experiencia que revela el lado humano y en muchos sentidos la triste realidad que vivieron en la infancia muchos de los internos mexicanos. El maestro solicito permiso al director del centro penitenciario para festejar el cumpleaños de cada uno de los integrantes de su pequeño grupo de actuación, su solicitud incluía, poder llevarles pastel, gelatina, confeti, serpentina y finalmente pedía permiso para que el mismo se pudiera disfrazar de payaso y hacer el festejo en grande, comenta que sus jefes con algunas dificultades aceptaron sus peticiones y fue así que comenzaron las celebraciones; el resultado, según sus palabras fue maravilloso, aunque impactante, ya que no tenía idea del gran alcance que tendría el hecho de festejar un cumpleaños, (por cierto algo tan cotidiano y casi obligado para la mayoría de nosotros) invariablemente cada uno de los cumpleañeros, cuando les llegaba su turno lloraban de felicidad y finalmente le expresaron al profe, que ha ninguno de ellos les habían festejado un cumpleaños cuando eran niños, con pastel, mañanitas y mucho menos payaso, se sintieron importantes, se sintieron queridos.

La anécdota anterior es un hecho contundente de que el trabajar con y para los internos, día con día creará lazos emocionales con su entorno inmediato que posteriormente se verá reflejado en la sociedad a la que saldrán a vivir, programas como los que han implementado en Estados Unidos, Italia, etc. al trabajar con los PPL y perros lazarillos ha conseguido magníficos resultados con sujetos que cometieron delitos de alto impacto como el homicidio, pues han logrado corroborar que disminuyen sus conductas violentas logrando crear una conexión emocional con otro ser vivo.

Recordar que la mayoría de las personas privadas de la libertad provienen de núcleos familiares disfuncionales en los que padecieron carencias económicas, afectivas y la adecuada imposición de normas y limites es de vital importancia para saber que no es un trabajo sencillo, que si no se trabaja arduamente y de forma individual difícilmente se verán resultados favorables; es una obligación profesional ser consciente de que si se trabaja en la cárcel es por el bienestar social en general por los de adentro y por los de afuera.

Pero aún falta mucho por hacer, se necesitan recursos económicos, materiales, investigación académica/científica, personal capacitado en el ámbito penitenciario, así como una mayor atención de las causas y factores del sujeto y no solo del castigo en si (para no retornar a la escuela clásica, pues esa sanción deja la reforma del 2016). Si bien se trabaja en una prevención terciaria con el objetivo de la no reincidencia. se necesitan programas post penitenciarios que ofrezcan oportunidades a los liberados, sin embargo, el post penitenciario, vale la pena retomarlo de forma particular pues se queda mucho en el tintero.

Fuente: Foto por Nicholas Kwok, en Unsplash, recuperada del Modelo de Atención y Tratamiento para las Personas con Farmacodependencia en Prisión
Bibliografía

Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos. (s.f.).

Rojano , V. M. (16 de 10 de 2019). Diario Noticias Web . Obtenido de https://diarionoticiasweb.com/en-las-prisiones-mexicanas-a-los-reos-se-les-exige-una-cuota-la-cual-afirman-va-a-dar-a-los-altos-mandos-de-ellas-audio/

 

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