Robos, asesinatos, menas, manadas, agresiones, carteristas, disturbios urbanos…y nivel 4 sobre 5 en el Plan de Protección Antiterrorista. El contenido de un informativo a cualquier hora del día. Hechos que afectan a nuestro derecho fundamental a la seguridad como ciudadanos.

Frente a ello, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad con escasos recursos humanos y materiales y poco apoyo social, político, judicial y de sus mandos. Y 83.000 agentes…de seguridad privada, que cada vez están presentes en más lugares, más importantes y que pueden aportar mucho en el esquema de seguridad planteado en este país.

No olvidemos que desde 2014, con la actual Ley de seguridad privada, ésta es no sólo auxiliar y colaboradora, sino lo que es más importante, complementaria. Como decimos, no hay discusión posible en establecer lo valiosa que puede ser la seguridad privada como recurso.

En este marco sería interesante saber si los vigilantes de seguridad, por referirnos al colectivo más numeroso entre las figuras de seguridad privada y que son los que están presentes en ámbitos más próximos a los ciudadanos, son un colectivo suficientemente profesionalizado para responder a las exigencias necesarias.

Aunque nunca se puede generalizar sobre un colectivo, y este colectivo es amplio (83.000 vigilantes en activo aproximadamente, aunque casi 4 veces más Tarjetas de Identidad Profesional expedidas por el Cuerpo Nacional de Policía, trataremos de acotar y establecer una visión de conjunto. Posiblemente las cuatro patas fundamentales del sistema sean la capacitación, el sueldo, la ética y el prestigio y apoyo social. Y seguramente no son compartimentos estancos ninguno de los cuatro.

Respecto de la capacitación, España es uno de los países del mundo que más horas destina a la formación, al menos a la previa: 180 horas en el caso del curso para optar a las pruebas del Ministerio del Interior, y 340 horas (las últimas 40 de prácticas en empresa) en el caso de los certificados de profesionalidad del Ministerio de Trabajo, todo ello acompañado del cumplimiento de requisitos como carecer de antecedentes penales. Los vigilantes se forman en materias diversas como derecho, armamento y tiro, primeros auxilios o protección contra incendios. Además, anualmente deben realizar otras 20 horas de formación para su actualización y, para bastantes tipos de servicio (aeropuertos, hospitales, centros comerciales…) realizar un curso de formación específica.

Sin embargo, se adolece de muy poca práctica, y muchas veces los vigilantes de seguridad van aprendiendo sobre el terreno. En mi habitual experiencia como formador de este colectivo, detecto también importantes carencias en algunas materias que son esenciales: legislación ,técnicas de intervención ,trato con el público…algunas otras materias las dominan notablemente como los primeros auxilios y la extinción de incendios, posiblemente porque los propios clientes donde se presta el servicio hacen mucho énfasis en que la formación de actualización se oriente en estas materias, siendo muy habitual que veamos exitosas actuaciones de este personal en relación a estas materias.

Y si la capacitación, es decir, saber hacer las cosas, es uno de los pilares fundamentales, la ética, es otro concepto clave en la profesionalización: además de saber hacer las cosas voy y las hago, y lo mejor posible. En este aspecto podemos decir que un porcentaje muy amplio del personal de vigilancia, aún sabiendo hacer las cosas, actúa con cierta desidia, y, en parte de los casos, esta desidia viene propiciada por la actitud de su empresa o la del propio cliente que contrata sus servicios. Son habituales los casos en los que el cliente ordena al personal operativo hacer cosas que no le corresponden (reponer estanterías del supermercado o apilar los carritos, por ejemplo) o que simplemente no le explican y no entiende por qué debe hacer eso. Al vigilante pocas veces se le escucha y se le tiene en cuenta, cuando por estar a pie de campo podría aportar muchas cosas. Y, no nos engañemos, al ver situaciones como las descritas, podemos ponernos todos muy dignos, pero no olvidemos que cada persona tiene sus circunstancias, y si alguien tiene que llevar un plato de lentejas a su hijo tragará, por indigno que sea.

Y luego está el sueldo, aspecto fundamental. Por muy bien que sepa hacer las cosas y por mucha voluntad que tenga, si no está adecuadamente remunerado un colectivo no estará profesionalizado, jamás. Lo vivimos antes de la crisis. Este trabajo tiene bastante poco de vocacional, y al que la tenga, la vocación se le acaba después de la primera nómina. Buenos vigilantes se fueron a otros sectores donde se ganaba más, y, aunque se ganase lo mismo, no se pasaba riesgo, no había turnicidad, conciliaba mejor con vida personal y familiar, las horas extra se hacían a voluntad, no se pasaban inclemencias meteorológicas, etc. En el momento económico actual, no se puede elegir igual, y el trabajador tiene menos oportunidades de cambiar; antes de la crisis el sector tenía un índice de rotación del 70 %, lo cual es una barbaridad en cualquier profesión. Pero este trabajo ha sido visto siempre como algo temporal en lo que trabajo porque no tengo otra cosa o hasta que me salga un empleo mejor. De hay la escasa combatividad de este colectivo que lleva casi 30 años cayendo en picado.

Para desempeñar un trabajo que requiere de formación, que tiene mucha responsabilidad, en el que existe riesgo, sujeto a las atrocidades que puedan sobrevenir con la empresa de turno, hacer más de 163 horas mensuales, en las condiciones que señalábamos más arriba, y no llegar a los 1000 € a fin de mes, es muy poco gratificante. Todo ello estando obligado a hacer cumplir la ley y sin ningún respaldo jurídico. Si un vigilante tomando un café dijese : “en mi servicio no puede haber delitos, porque estoy yo, que soy el obligado a hacer cumplir la ley”, las carcajadas se oirían en China, y la mitad de los presentes le dirían si se cree que es Cobra, el brazo fuerte de la ley, y la otra mitad si piensa que es Torrente…y, sin embargo, es la verdad. Y es la verdad, no porque él quiera, sino porque le obliga la ley. Y pese a tener que soportar esa obligación legal, no se le dan las herramientas jurídicas para poderla llevar a cabo.

Además de todo lo anterior, también esto; no es una profesión valorada, nadie les presta atención, nadie se preocupa por ellos salvo cuando encuentran a mi hijo en el centro comercial, me devuelven la cartera hurtada en el metro, han sacado a mi abuelo de una parada cardiorrespiratoria, han sofocado el incendio en mi fábrica o se han jugado el tipo defendiéndonos en un concierto de una agresión; ese día si nos acordamos y les valoramos; aunque al día siguiente volverán a ser tan sólo “seguratas”, unos policías frustrados bastante chulos a quien no se les debería ni tan siquiera permitir trabajar.

Por otra parte, es la pescadilla que se muerde la cola: para lo que haces, ¿por qué te voy a pagar más?; para lo que me pagas, ¿por qué voy a tener algún interés en mi trabajo?

La solución no es fácil. La subrogación, esa figura establecida en el Convenio Colectivo que, en principio se concibe como una garantía hacia el trabajador, provoca en las empresas que el vigilante no se vea como un activo propio, sino como algo que ahora puede contribuir al beneficio de la empresa pero mañana tal vez no esté; es un simple número, ¿para qué voy a considerar a esta persona si en unos meses tal vez no esté? Tampoco se crea un vínculo afectivo o sentimiento de pertenencia a la empresa por parte del trabajador, el cual a penas tiene tampoco posibilidad de carrera profesional; un vigilante, salvo que ocurra algo extraordinario, se jubila vigilante, y, en otro caso, si no cambia de profesión, la progresión es muy limitada. En los tiempos que corren, además, tener que subrogar puede convertirse en una trampa mortal según la empresa que te caiga. ¡Es para ponerse a rezar!

Hasta aquí, la alusión ha sido explícita a empresas de seguridad, usuarios de los servicios y administración. Pero también hay que hablar de la responsabilidad de los propios trabajadores.

Como señalamos antes, es un colectivo que mayoritariamente es pasivo en la defensa de sus intereses. También lo es en su propia formación, y desde el primer momento; aunque en la realidad económica que atravesamos quizás esto va cambiando, el personal operativo no es en general como otras profesiones. Un médico o un mecánico se pagan su formación, pero si la persona puede obtener la T.I.P en un curso del Servicio Público de Empleo o en el centro de formación de alguna empresa, mejor, ¿para qué voy a pagar por ello? Con otra formación una vez contratado por una empresa lo mismo, ¿para qué me va a servir?, “que me lo pague la empresa”. Este concepto, en el mundo competitivo en el que estamos, tiene poco sentido.

Piensen en vigilantes que tengan al alcance de su vista cualquier día dentro de su entorno y les propongo un experimento.

Imaginemos que yo tengo una empresa de seguridad y quiero pagar un sueldo 500 € por encima del Convenio, puesto que quiero prestar un servicio muy profesionalizado, y ofrezco trabajo a cualquiera de esos vigilantes; todos se pegarían por ser contratados en esta compañía. Pero como quiero tener auténticos profesionales, quiero hacer un buen proceso de selección en el ámbito técnico. Haremos 4 pruebas básicas.

La primera será efectuar un examen del ámbito jurídico; mi experiencia impartiendo formación en esta materia me dice que los resultados mayoritarios no van a ser los esperados.

Una segunda prueba será realizar una sesión en un control de seguridad manejando los diferentes equipos; empezaríamos a escuchar cosas del tipo “yo nunca he manejado un arco detector o un detector de trazas…nunca he trabajado en un escáner…este modelo no estoy acostumbrado a manejarlo…”

Pasemos a la tercera prueba, en la cual, deberán sentarse en un centro de control como operadores y manejar los sistemas: “nunca he hecho este servicio…los equipos son diferentes unos de otros…”

No hay problema, pasemos a otra prueba. Aquí tiene 2 pares de grilletes, escoja como compañero a otro aspirante y redúzcame y engrillete a aquellos dos tipos, que presuntamente han cometido un delito en su servicio: “hombre…eso es muy variable…hay que saber mucho para poder hacer eso…”

Después de este proceso, ¿qué porcentaje de todos los vigilantes aspirantes a la contratación creen que habrían sido capaces de superar las cuatro pruebas? Yo se lo diré, ¡ínfimo! De manera que la situación queda más o menos así: ¿qué sabes hacer?; expuse antes que un profesional tiene derecho a ser remunerado acorde a su trabajo, pero ¿por qué debería pagarte como a un profesional si no eres capaz de desarrollar los cometidos que entraña tu profesión?

Al final, tampoco tenemos que volvernos locos, si hay muy pocos vigilantes que sean verdaderos profesionales, no hay ninguna empresa que pague, ni pueda pagar como tales. ¿Es este el modelo de seguridad privada que queremos y que puede aportar más seguridad a nuestra sociedad?

Con este panorama, ¿alguno de ustedes recomendaría a su hijo que, como modo de vida lo mejor que puede hacer es tener como profesión el resto de su vida la del vigilante de seguridad?

1 Comentario

  1. Excelente aporte.
    Dejo mi humilde comentario:
    La vigilancia Privada en el siglo XXI sea consolidado como un aliado estratégico de las diversas organizaciones evitando la perdida y asegurando la normal continuidad del negocio, en la cual la labor del guardia de seguridad juega un papel muy importante ya que es el primer gran anfitrión de toda empresa el cual tiene que dominar ciertas materias en base a las habilidades conceptuales, técnicas y humanas que puedan garantizar la prestación de un servicio de calidad direcionando su actuar en los dos grandes campos de la SEGURIDAD, SAFETY & SECURITY, lamentablente como bien se ha dicho un alto porcentaje de empresas de vigilancia no le dan la relevancia adecuada que permita direccionar sus procesos hacia la mejora continua, cada empresa gestiona sus operaciones a su discrecinalidad sin un modelo profesional, sistémico y dinámico que este a la altura de las necesidades empresariales.
    La norma ISO 18788: 2015 GESTIÓN EN OPERACIONES DE SEGURIDAD PRIVADA, tiene en su estructura de alto nivel lineamientos claves que al ser bien implementado brinden una gran alternativa de mejorar todas las deficiencias mencionadas, lamentablente son pocas las empresas que aspiran a dicho modelo por considerarlas de alta exigencia que tal vez no puedan sostenerlas.

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