En el ámbito de la psicología y criminología forense se pueden hallar diferentes instrumentos que resultan ser de gran ayuda para llevar a cabo distintas periciales de cualquier índole. En el presente artículo, se tratará de presentar dos pruebas de valoración del riesgo de violencia, instrumentos con una alta capacidad de predicción del riesgo de violencia futura, centrándose principalmente en personas internas en Centros Penitenciarios y/o Centros Psiquiátricos. Por un lado, para la valoración de los factores de riesgo se analizará el HCR-20, tanto la segunda versión como la tercera. Por otro lado, en relación con los factores de protección, resulta esencial detallar el SAPROF. 

La elección de dichas herramientas viene justificada por el hecho de que, en el ámbito forense, son altamente utilizadas por su gran capacidad predictiva, más aún en aquellos casos donde los evaluados han terminado reincidiendo en su conducta violenta (Vitacco, Tabernik, Zavodny, Bailey y Waggoner, 2016; Vries, Vogel, Koster y Bogaerts, 2015; Vries, Vogel y Douglas, 2013).

Estas pruebas se han creado con el objetivo de realizar una valoración actuarial. A través de la historia personal que se recopila del sujeto expuesto a valoración, el profesional que está realizando dicho análisis lleva a cabo una ponderación numérica según la importancia que el protocolo específico de cada instrumento le atribuya a cada variable.

De acuerdo con Andrés-Pueyo y Echeburúa (2010), este tipo de protocolos actuariales tienen la finalidad de poder predecir el riesgo de comportamientos violentos, en un período temporal concreto, para una población que se encuentra en un contexto sociocultural determinado. En este caso, como se venía adelantando, sobre población penitenciaria y psiquiátrica.

Como se ha expuesto con anterioridad, la codificación de estas pruebas las lleva a cabo el mismo evaluador a partir de toda la información que ha podido recopilar mediante distintas entrevistas con el sujeto y familiares del mismo. El hecho de realizar entrevistas con su entorno no sólo da una visión detallada de cómo es esa persona en la esfera más íntima, sino que también puede llegar a aportar información que el propio sujeto no proporciona, siendo así que en el ámbito forense es de suma importancia poder contrastar la información que se facilita, a fin de detectar posibles motivaciones espurias en el relato fáctico del emisor. 

Así mismo, la coordinación con otros profesionales es relevante, pues durante la valoración de la prueba se debe de tener en cuenta si el peritado puede presentar cualquier psicopatología o alguna otra alteración que pueda afectar significativamente a los resultados.

LA GUÍA PARA LA VALORACIÓN DEL RIESGO DE COMPORTAMIENTOS VIOLENTOS (HCR-20 V2).

Tal y como se ha comentado previamente, para la valoración de los factores de riesgo, se utiliza la Guía para la valoración del riesgo de comportamientos violentos (HCR-20 v2) creada por los autores Webster, Douglas, Eaves y Hart el año 1997 en Canadá (Webster, Douglas, Eaves y Hart, 1997). Se trata de una prueba criminológica que predice la violencia física en aquellas personas con una elevada probabilidad de manifestar comportamientos violentos. 

En este manual se encuentran 20 ítems considerados factores de riesgo tanto estáticos como dinámicos, agrupados en 3 grandes categorías: factores históricos (H) con un total de 10 ítems, factores clínicos (C), con un total 5 ítems y factores de riesgo futuro (R) también compuesta por 5 ítems. Después de haber realizado las entrevistas pertinentes, el evaluador debe puntuar los factores de 0 a 2, según el protocolo que establece dicho manual. Comúnmente, se da una puntuación de 0 cuando no hay presencia de ese ítem y una puntuación de 2 cuando ese factor se manifiesta con cierta intensidad o importancia. A modo de ejemplo, si se hace la valoración de un interno condenado por una agresión que cometió, el resultado del ítem “violencia previa” debería tener un valor igual a 2.

El resultado obtenido puede ir de 0 a 40. Aunque no hay puntos de corte, cuando se registra una puntuación superior a 25, ya se puede anticipar que el riesgo de violencia es alto (Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010). Finalmente, dependiendo del resultado obtenido, la valoración del riesgo final será catalogada como “alta”, “moderada” o “baja”.

Se debe tener en cuenta, por otro lado, que cada caso es singular, pues cada persona presenta unas características personales y ha estado viviendo en contextos distintos a otros que se puedan encontrar en la misma situación. Es por ello por lo que que el evaluador tiene que hacer aquellas deducciones según la historia personal que ha podido ir recopilando mediante las entrevistas, así como a través de la distinta bibliografía que exista sobre el tema objeto de análisis.

 LA GUÍA PARA LA VALORACIÓN DEL RIESGO DE COMPORTAMIENTOS VIOLENTOS (HCR-20 V3).

En el año 2013, los mismos autores presentaron una nueva versión de dicho instrumento (Douglas, Hart, Webster y Belfrage, 2013), presentando, como principal diferencia, la codificación de los resultados por medio de un formulario, que puede ser breve o extenso, pudiendo en este último el profesional desarrollar o justificar las valoraciones que realiza respecto de cada factor analizado. 

Por su parte, en el formulario breve, no solo se añade un ítem a cada categoría de factores, sino que ya no se codifica mediante puntuaciones. Se realiza el análisis de cada factor de riesgo mediante dos partes: Presencia y relevancia. En cada caso, se debe marcar si el ítem está presente (S), parcialmente presente (P), ausente (N) o si no hay información fiable (O). De igual forma, se debe de considerar si este mismo ítem tiene una relevancia alta (A) para las estrategias de gestión de riesgo, modera (M), si no hay ninguna información que indique que sea relevante (B) o, una vez más, que no haya información fiable para realizar el juicio (O).

Además de lo ya expuesto, otra diferencia significativa se puede observar en la adición de un mayor número de matices respecto la valoración del riesgo, a saber: 

  • Riesgo de violencia futura / prioridad del caso.
  • Riesgo de daño físico grave.
  • Riesgo de violencia inminente.

Al finalizar el proceso, el evaluador puede sugerir una fecha para la revisión del resultado y contrastar si las intervenciones realizadas han producido algún cambio en el peritado.

MANUAL PARA LA VALORACIÓN DE LOS FACTORES DE PROTECCIÓN PARA EL RIESGO DE VIOLENCIA (SAPROF).

Como es común en el ámbito de la criminología, los profesionales de esta disciplina no solo se deben centrar en aquellas variables que puedan suponer un riesgo, sino que se deben valorar en conjunto con aquellas que pueden devenir una fortaleza e intervenir en base de todo el conjunto. Según Vries, Vogel y Spa (2011), fue mayor la predicción de comportamientos violentos en aquellos casos que se tuvieron en cuenta tanto pruebas de valoración del riesgo como de factores de protección, que en los casos que solo se consideraron los resultados del HCR-20.

Para lograr esta mayor predicción, se precisa el Manual para la valoración de los factores de protección para el riesgo de violencia (SAPROF), el objetivo principal del cual es mejorar la gestión y prevención del riesgo de violencia (Vries et al, 2011). Asimismo, esta prueba pretende ser la solución a esta posible problemática, enfocándose en los factores de protección y el desarrollo de los recursos y fortalezas de la persona (Vogel, Vries, Ruiter y Bouman, 2011).

Dicho instrumento, está compuesto por un total de 17 ítems y, de igual forma que el HCR-20 v2, está dividido en 3 grupos de factores de protección dinámicos. En primer lugar, los factores de protección internos, esto es, aquellos que se encuentran intrínsecos en la persona; en segundo lugar, se valoran los factores motivacionales, entendiéndose éstos como los factores de protección que impulsan a una persona para ser un miembro positivo en la sociedad; finalmente, el último grupo de factores son los externos, definidos como aquellos que se encuentran en el ambiente. Las variables también se puntúan con el valor de 0 cuando no hay existencia de ese ítem y un valor de 2 cuando ese factor está claramente presente. En este caso, cuanto mayor sea el resultado, mayor será la protección que muestra el examinado.

En este manual, el propio profesional puede considerar en la misma hoja de codificación, si aquel ítem que ha examinado resulta “clave” para la posterior valoración global del caso y si es “objetivo” de la futura intervención que se realizará con la persona sobre la que se ha realizado la prueba.

Cabe destacar que, cuando se hace la valoración final, ésta se realizará en conjunto con el HCR-20 v2 o el HCR-20 v3, por lo que se puede determinar tanto el riesgo como la protección que presenta el sujeto, siendo ésta “baja”, “moderada” o “alta”. Una vez más, se deben tener en consideración tanto los factores de protección, características que inhibirán el comportamiento violento, como los de riesgo, las que propiciarán que se cause el mismo. (Serin, Chadwick y Lloyd, 2016). Haciendo especial énfasis en el hecho de que haya ausencia de algún factor de riesgo, no se convierte automáticamente en un factor de protección o viceversa (Vries et al, 2015). 

A modo de conclusión, resulta esencial repetir que aquellos profesionales que empleen estas pruebas, deben tener en cuenta que cada persona es distinta e individual, con una historia personal y ambientes desigual a otra que se pueda encontrar en su misma situación. Por lo que, aunque presentan una alta predictibilidad, no se deben de generalizar los resultados obtenidos (Vogel et al, 2011). Para lo que a uno puede suponerle un importante factor de protección, para otro interno puede no ser fortaleza alguna o, incluso, llegar a potenciar el riesgo de violencia. De ahí la importancia de realizar distintas entrevistas tanto con el sujeto de evaluación, como con familiares y amigos, analizándose los resultados en coordinación con otros expertos.

Referencias Bibliográficas 

  • Andrés-Pueyo, A., y Echeburúa, E. (2010). Valoración del riesgo de violencia: instrumentos disponibles e indicaciones de aplicación. Psicothema, 22 (3), 403-409. 
  • Douglas, K. S., Hart, S. D., Webster, C. D., & Belfrage, H. (2013). HCR-20: Assessing Risk for Violence (3rd ed.). Vancouver, Canada: Mental Health, Law and Policy Institute, Simon Fraser University. 
  • Serin, R. C., Chadwick, N., & Lloyd, C. D. (2016). Dynamic risk and protective factors. Psychology, Crime & Law, 22(1-2), 151-170.
  • Vitacco, M. J., Tabernik, H. E., Zavodny, D., Bailey, K., & Waggoner, C. (2016). Projecting risk: The importance of the HCR-20 risk management scale in predicting outcomes with forensic patients. Behavioral sciences & the law, 34(2- 3), 308-320.
  • Vogel, V., Vries, M., Ruiter, C. &
     Bouman,Y. (2011) Assessing Protective Factors in Forensic Psychiatric Practice: Introducing the SAPROF, International Journal of Forensic Mental Health, 10 (3), 171-177.
  • Vries, M., Vogel. & Douglas, K. (2013). Risk factors and protective factors: a two-sided dynamic approach to violence risk assessment. Journal of Forensic Psychiatry & Psychology, 24 (4), 440-457
  • Vries, M., Vogel, V., Koster, K., & Bogaerts, S. (2015). Assessing protective factors for sexually violent offending with the SAPROF. Sexual Abuse, 27(1), 51-70. 
  • Vries, M., Vogel, V. & Spa, E. (2011) Protective Factors for Violence Risk in Forensic Psychiatric Patients: A Retrospective Validation Study of the SAPROF, International Journal of Forensic Mental Health, 10 (3), 178-186.
  • Webster, C. D., Douglas, K. S., Eaves, D., & Hart, S. D. (1997). HCR- 20. Assessing the risk of violence. Version 2. Burnaby, Canada: Simon Fraser University and Forensic Psychiatric Services Commission of British Columbia. 

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